En cierta ocasión una señora mayor vino al confesionario y me preguntó: “Padre, ¿cometo un pecadosi no quiero recibir a mis nietos en mi casa?”, yo le respondí: “Para poder responderle adecuadamente, explíqueme por favor, ¿qué significa que no quiere recibir a sus nietos en su casa?”, ella me dijo: “Padre, soy una mujer viuda, anciana y enferma, de 84 años, tuve dos hijos, y uno de ellos se separó temporalmente de su esposa y me pidió venirse a mi casa por un par de semanas, mientras regresaba con su esposa o encontraba a donde irse, pero ya han pasado dos meses de su separación y no veo que mi hijo tenga intenciones de regresar con su esposa o de irse a otro lado; por el contrario, el otro día mi hijo, que tiene tres niños, los cuales vienen a veces de visita a mi casa y yo los recibo con mucho gusto, me dijo que como él y su esposa no tienen intenciones de reconciliarse, que está considerando traerse a vivir a mi casa a sus hijos, unos días fijos de la semana, porque se van a compartir la custodia de los niños; sinceramente yo me siento muy cansada y enferma, pero eso mi hijo no lo ve, la verdad que me alegra mucho ver a mis nietos, pero siento un descanso cuando se van, porque cada vez que vienen tengo que preparar comida para todos, tengo que arreglar la casa más de lo ordinario, y de veras me canso, pero ahora que mi hijo me dijo que quiere traer a mis nietos a vivir a mi casa, aunque sea solo unos días por semana, me siento presionada, tensa y estresada, no he podido ni conciliar el sueño, porque no siento tener las fuerzas y el estado de ánimo para hacerlo”, yo le dije: “Ya entendí lo que me pregunta, y no, no es pecado negarse a recibir a sus nietos a vivir en su casa, pero ¿le ha dicho a su hijo lo que piensa?”, ella me dijo: “Padre, le insinué algo, pero apenas le dije que yo estaba muy cansada y enferma, mi hijo me preguntó si sería capaz de dejar que mis nietos anduvieran rodando por ahí y que los cuidara una desconocida, y con eso que me dijo me hizo sentir mal y le dije que no”, entonces yo le dije: “Mire, discúlpeme que se lo diga, pero su hijo la está manipulando y la está chantajeando, y eso no está bien, usted es una persona mayor y enferma y debe ser capaz de hablar con sinceridad con su hijo y decirle que no puede recibir a sus nietos a vivir en su casa, usted no tiene obligación alguna en el sustento material y en la educación de sus nietos, esa responsabilidad es de los papás, no de usted; perdone que se lo diga, pero no deje que le roben su espacio, que le quiten su tranquilidad, los hijos a veces son muy egoístas y solo piensan en ellos, en sus necesidades, en su trabajo e incluso en sus diversiones, y piensan que los abuelos tienen la obligación de cuidarles a sus hijos, hasta creen que les hacen un favor llevándoles a sus nietos a su casa para que les hagan compañía o porque piensan que así los hacen ‘sentir útiles’, pero no se dan cuenta que los abuelos ya cumplieron con su deber de educar a sus propios hijos y no les corresponde educar a sus nietos, eso le toca a los papás de los niños. Yo le aconsejo que le diga a su hijo que no puede recibir a sus nietos a vivir en su casa, que mejor le sugiere rentar un espacio para ello”, ella me dijo: “Tiene razón padre, mejor voy a hablar con claridad con mi hijo y le voy a pedir que se vaya a rentar una casa o un departamento y allá se lleve a sus hijos y si un día me quieren visitar yo los recibiré con mucho gusto”.

Existe el «síndrome del abuelo esclavo» y lo sufren los abuelos, sobre los que recae el papel de cuidadores y responsables de la educación y del cuidado de sus nietos. «El abuelo esclavo es el padre de un hijo egoísta». A los abuelos no les corresponde educar a sus nietos, ni deben dejar de lado su vida social por ayudar a sus «atareados» hijos. Hay que darse cuenta de que los abuelos deben hacer el papel de abuelo, es decir, pasear y jugar con los nietos, enseñar a través de sus experiencias vitales, dar cariño, dar una mano en situaciones muy concretas, estar dispuestos a aprender cosas nuevas de sus nietos. Al abuelo esclavo se le está privando de organizar y disfrutar su tiempo libre como él quiera, de tener relaciones sociales, de disfrutar de la compañía de sus nietos sin la responsabilidad de educarlos. ¡Eso ya lo hicieron con sus hijos! Cuando se llega a la edad en la que se puede ser abuelo ya se ha vivido una vida laboral muy extensa, se ha formado una familia y criado y educado a los hijos. Ahora toca disfrutar de un tiempo libre ocupándolo en actividades que satisfagan, de tener una vida social más intensa, de aconsejar a sus hijos cómo sacar adelante a sus propias familias, pero sin caer en tareas que no son las que les competen. Es hora de disfrutar la vida de otra manera y de no imponerse ni dejar que nadie les imponga responsabilidades ajenas. Abuelos, dialoguen con sus hijos, díganles con sinceridad lo que piensan y sienten, háblenles de sus inquietudes, preocupaciones y cansancios, para que no se conviertan en un abuelo o abuela esclavo.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.