Un domingo entró una señora joven al confesionario y me dijo: “Padre, vivo en unión libre desde hace varios años, mi ‘esposo’ es bautizado, pero vive muy alejado de la religión, yo tengo mucho tiempo sin venir a misa, pero como hace poco bautizamos a nuestra hija me propuse venir cada semana a misa, confesarme y comulgar para darle buen ejemplo a nuestra hija”, entonces yo le dije: “Seguramente habrá oído usted que si está viviendo en unión libre no puede comulgar y no se puede confesar”, entonces ella me dijo: “Alguna vez oí que si vivía en unión libre no podía comulgar, pero ¿acaso no tengo derecho a confesarme?”, yo le respondí: “Mire, los sacramentos, incluida la confesión no se reciben porque tengamos derecho a ellos, sino que más bien son una gracia, un regalo que Dios nos hace, si estamos debidamente preparados para recibirlos, porque cada sacramento exige una preparación y si no la tenemos no podemos recibirlos”, ella me dijo: “Yo me alejé un tiempo de Dios y dejé de venir a misa, porque pensé que debía venir a misa solo si de verdad me nacía, pero como no me nacía, no venía”, entonces yo le pregunté: “¿Qué pensaría de una persona que dijera un día ‘hoy no voy a ir a trabajar porque no me nace’?¿O qué pensaría de un niño, adolescente o joven en edad escolar que dijeran ‘hoy no voy a ir a la escuela porque hoy no me nace’?”, ella me respondió: “Pues creo que estaría mal, que deben ir aunque no tengan ganas”, entonces yo le dije: “¿Por qué deberían ir ‘si no les nace’?”, entonces ella me dijo: “Pues porque es su obligación y porque si no van los pueden correr”, entonces yo le dije: “Además, porque siendo el trabajo y el estudio un bien, hay que realizarlo independientemente de las ganas que se tengan de hacerlo, poder trabajar o estudiar son una bendición de Dios, por eso quien tiene un puesto de trabajo o una escuela para estudiar no debería asistir solo cuando le nace, sino ir siempre, para aprovechar ese bien”, ella me dijo: “Entiendo padre, y tiene razón, yo pensaba que solo debía venir al templo si tenía ganas o si me nacía”, yo le dije: “Pues no, hay que hacerlo siempre porque es para nuestro bien, y respecto a su situación, en sus circunstancias usted no se puede confesar ni puede comulgar, pero puede y debe venir a misa, a participar de la Eucaristía, a hacer oración, en su casa puede leer la palabra de Dios, rezar el Santo Rosario, etc.”, ella me dijo: “Si no puedo confesarme y comulgar entonces ¿estoy excomulgada?”, yo le dije: “No está excomulgada, sino que en este momento por su situación no puede acceder a los sacramentos hasta que esa situación que le impide acercarse a los sacramentos cambie”, ella me respondió: “Entiendo padre”, yo le pregunté: “¿Hay algún impedimento para que se casen?”, ella me dijo: “En realidad no, solo que mi ‘esposo’ no quiere casarse, porque dice que no cree en el matrimonio, ni siquiera nos hemos casado al civil”, yo le dije: “El matrimonio le da estabilidad a su relación, porque la bendición de Dios y las gracias que él les quiere regalar solo es posible recibirlas si están casados, si usted sí quiere casarse habrá que tratar de convencerlo a él de hacerlo, sobre todo porque es un bien espiritual para ambos y para sus hijos”.

Qué importante es entender que los sacramentos no se reciben ‘por tener un derecho sobre ellos’, son una gracia, un regalo de Dios, para los que debemos tener una preparación. Evidentemente el primer requisito es tener fe, creer que Dios actúa en nosotros a través de los sacramentos, que nos da su gracia. Ciertamente el derecho canónico, que es la ley de la Iglesia dice que “Los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos”, por tanto, quienes pidiendo oportunamente un sacramento, estén bien dispuestos y el mismo derecho canónico no se los prohíba, pueden, de manera razonable y caritativa, solicitar un sacramento para su bien espiritual o para bien de uno de los miembros de su familia. Pero los sacramentos no deben ser vistos como si de un derecho se tratara, solo porque ya se cumplió con ciertos requisitos. Más bien hay que verlos como una gracia, un regalo, un don de Dios para nuestra vida cristiana.

Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.