Este escrito partirá de dos personalidades maravillosas en el mundo de la música: Johann Sebastian Bach y Manuel de Falla. Su elocuencia se presentó en su música y no necesitaron palabras para hablar de su vida espiritual o de sus encuentros con Cristo. Los dos tenían profunda vida interior y un plan de vida centrado en la virtud. Fueron congruentes y genios que entregaron sus talentos a un mundo necesitado de ideales, trascendencia y musicalidad.
Cada una de las cantatas de Bach te hacen entrar en los misterios de la vida de Cristo o en las Sagradas Escrituras. Eso lo comprobé la pasada cuaresma cuando quise cada día escuchar una cantata, su letra y entender su significado. Encontré las traducciones al español de las cantatas y fue inspirador el estarlas escuchando y saber qué me querían enseñar. Ejemplos son: la cantata BWV 10, que trata sobre el Magníficat, o la BWV 12 que habla sobre la unión entre la cruz de Jesús y la gloria:
“La cruz y la corona están unidas,
lucha y premio están ligados.
Los cristianos siempre tienen
dolor y enemigos,
más su consuelo son las heridas de Cristo.
Seguiré a Cristo,
no lo abandonaré
ni en la bonanza ni en la adversidad,
en la vida o en la muerte.
Beso los sufrimientos de Cristo
y quiero abrazar su cruz.
Seguiré a Cristo,
no lo abandonaré.
Ten confianza, toda pena
será luego pequeña.
Tras la tormenta
viene la bendición
y toda borrasca pasa.
¡Ten fe, ten fe!”
Lo sorprendente es poder entrar en la música de Bach con todos los sentidos: Escucharla, verla, tocarla, probarla y sentir su aroma. Bach escribió 300 cantatas, de las cuales se conservan alrededor de 200. La mayoría fueron religiosas (sacras) y están en el catálogo BWV. Su música sacra incluye cantatas, pasiones, misas, motetes y corales. Su estilo combina profundidad espiritual, estructura matemática y belleza melódica. Te brinda paz y una invitación muy especial para ser mejor y buscar la verdad, la bondad y la belleza de Dios.
Y ahora sigo con Manuel de Falla, compositor español del siglo XX, cuya música unió la tradición popular andaluza y la modernidad europea. Su profunda espiritualidad católica se reflejó en su vida y en su obra. Él llevó una vida austera, disciplinada y recogida. No se casó y su vida se centró en su arte y en su fe. Tenía una visión mística de la música, como un medio para trascender y encontrar a Dios. Así describió uno de sus biógrafos a Manuel: “Falla es algo frailecito: cartujo por su recogimiento; benedictino por su asiduidad; franciscano por su mirada limpia, de éxtasis deleitable ante las obras de Dios; carmelita por la pureza exquisita de su música. Hace pensar en el otro carmelita, San Juan de la Cruz”. En los últimos años de su vida se volvió más introvertido y llevó una vida casi eremítica. Una de sus obras que para mí lleva implícita una lección de vida espiritual es: Las Noches en los Jardines de España. A pesar de referirse a lo pagano y gitano, refleja la lucha entre el alma y la fuerza del mal, con un fin que transmite redención. Cuando leí sobre el significado de esta obra musical, encontré estas ideas: Volver al centro, unión del hombre con Dios, relación con el Corpus Christi.
La vida de Manuel de Falla fue una continua práctica de piedad. Sus ilusiones se dirigieron a un arte sencillo, en el que estuvieran ausentes la vanidad y el egoísmo. En una ocasión fue reprendido por el gobierno civil porque ayudó a una mujer pobre con filiación comunista. Se le preguntó por qué la había ayudado y él simplemente contestó: “La ayudé porque estoy bautizado”.
Aunque no lean sobre Bach o sobre De falla, escuchen su música. La música es su apostolado. Y llega a donde tiene que llegar.
Voces en el tiempo. Martha Moreno.
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