Acercándonos a la fiesta de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, quiero partir de la figura de San Miguel para reflexionar sobre las diferentes invitaciones que Dios nos hace buscando defender y sanar nuestras comunidades y nuestro mundo. Al Arcángel San Miguel le pedimos siempre que nos proteja en las batallas de la vida para que no nos dejemos vencer por el espíritu del mundo y el espíritu del mal. Por su absoluta fidelidad y obediencia a Dios se le reconoce como el príncipe de la milicia celestial.

En lo personal he tenido un acercamiento hacia este gran defensor del pueblo de Dios por tres motivos:

  1. Viendo la situación de nuestros ambientes cargados de relativismo, materialismo y cultura de muerte, me parece necesario pedir la intercesión de los grandes cuidadores de la persona humana tan querida por Dios. El Papa Francisco nos ha pedido elevar nuestras oraciones pidiendo la intercesión de San Miguel y de San José para volver a entender nuestra esencia como hijos de Dios, haciendo a un lado todo lo que nos aleja de Él y nos envuelve en egoísmo y en el poder del enemigo.
  2. Aquí en mi parroquia he visto la acción generosa de los Caballeros de San Miguel, cuyo compromiso en el servicio a María, Siempre Virgen, y en el servicio a su comunidad ha acercado y sigue acercando almas a Dios.
  3. Hace cuatro años se me invitó a participar en un grupo de oración por whatsapp que pedía por la salud de un niño llamado Miguelito. Él sufría de un mal en su corazón y estaba sumamente delicado. Todo empezó cuando un amigo sacerdote español me pidió enviar unas palabras de aliento a unos padres que estaban sufriendo por la gravedad de su hijo. Les envié una carta y la mamá me invitó a formar parte de un grupo para rezar el rosario por Miguelito. Yo estaba muy lejos pero aun así me pareció muy bonita la idea de orar con personas desconocidas con una disciplina de horario y ofrecimiento. Poco a poco fui sintiendo la fuerza de este grupo que estaba integrado por matrimonios jóvenes, personas mayores, enfermos, sanos, conversos, personas con serios problemas en sus familias, con hijos alejados de la fe, viudos, y otros que tenían en común el haber peregrinado a Medjugorie. El tiempo ha ido pasando, Miguelito está muy bien de salud, hemos sido testigos del poder de la oración y a mí me ha dado mucho gusto el ver cómo en lugares donde sabemos que se han alejado tanto las personas de Dios, se encuentran estas comunidades que verdaderamente me recuerdan a los primeros cristianos, que en todo momento se ayudaban y compartían su tiempo y sus cosas con los más necesitados. La misión que inició pidiendo por el pequeño Miguelito ha crecido bajo el amparo de la Virgen María. Con el liderazgo de la familia de Miguelito se está empezando a transformar su sociedad con proyectos de apoyo a matrimonios, retiros, ayuda ante situaciones muy difíciles y participación en la vida de la Iglesia. Miguelito me ha invitado a conocer y confiar en el Arcángel San Miguel como defensor de mi hogar, de mis hijos y de la humanidad y me ha hecho descubrir que el sufrimiento presentado a Dios es fuente de vida, conversión, renovación humana y espiritual.

Grandes profetas y santos han sido muy devotos de San Miguel Arcángel. El profeta Daniel dijo: “En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo”. San Francisco de Sales se refirió al arcángel como una gran ayuda para vencer lo que nos aleja de Dios: “La veneración a San Miguel es el más grande remedio en contra de la rebeldía y la desobediencia a los mandamientos de Dios, en contra del ateísmo, escepticismo y de la infidelidad.”

Pidamos la intercesión del arcángel San Miguel mediante la oración del Papa León XIII que, junto con la Salve, se nos ha invitado a rezar al final de cada misa en una súplica de paz:

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén”.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO