¿Qué puedo decir sobre mi piano? Puedo iniciar afirmando que es mi compañero desde que era niña, mi confidente, maestro de vida, mi vehículo para viajar en el tiempo y mi vía preferida de oración. Gracias a las contribuciones del escritor y sacerdote mercedario Alfonso López Quintás, he podido comprender la importancia de los encuentros que podemos tener con las cosas, como es el caso de mi piano, y sobre todo con las personas. A lo largo de muchos años de fructífera carrera filoosófica, López Quintás ha propuesto una pedagogía de la admiración, de descubrimiento, de persuasión y de convencimiento interior. La clave es aprender a vibrar personalmente con las realidades que vamos descubriendo para entender la grandeza que albergan y para emocionarnos con lo valioso. Debemos buscar ser creativos en cuanto a nuestro entorno y dejarnos transfigurar mediante los encuentros que vamos viviendo.

Un ejemplo, que este autor menciona, es lo que sucede cuando tenemos frente a nosotros un poema. El poema se puede quedar por fuera de mí o puede pasar a ser parte de mí, al subir de nivel la manera en la que me encuentro con él. Si yo sólo lo leo rápido no pasará nada. Si yo lo aprendo de memoria puede el poema iniciar su actuación sobre mí y yo le podría dar vibración humana. Él llama a esto una experiencia reversible. También puedo dejar al poema entrar a mi espíritu y enriquecerme con sus dones y con los del escritor. Ejemplos de poemas que a mí me han movido internamente son: Sembrando de Blanco Belmonte, Adentro de Unamuno, Toda ciencia trascendiendo de San Juan de la Cruz y los Cuatro Cuartetos de T.S. Eliot.

Volviendo a mi piano, un primer plano a nivel objeto sería el agradecer que en realidad he tenido relación con dos pianos: el de mi hogar paterno, que perteneció a mi bisabuelo y a mi abuela, donde yo aprendí a tocar el piano. Mi segundo piano, el actual, fue regalo de mi esposo y lo valoro mucho porque lo recibí cuando mis niños eran muy pequeños y yo no esperaba un obsequio tan grande.

En un segundo nivel, mi piano deja de ser objeto o mero instrumento para convertirse en un gusto, una disciplina, un reflejo de mi vida interior, un lenguaje hermoso y una forma de compartir mis alegrías o mis tristezas. Yo no tengo buen oído pero sí puedo leer muy bien, lo que me ha ayudado a seguir descubriendo partituras aunque ya no tome clases.

Un tercer plano, que puedo considerar ya más elevado, viene porque mediante mi piano he participado en un lenguaje de comunicación con la música, con mis compositores favoritos y con Dios. Ejemplo de lo anterior fue cuando descubrí la música de Erik Satie que me gustó mucho por su profundidad. Más adelante, cuando leía a una de mis escritoras favoritas, Raissa Maritain, descubrí el proceso de conversión de Satie y de cómo fue gran amigo también de Leon Bloy, otro de mis autores consentidos, quien también tocaba el piano. Por otro lado, quien me conoce sabe que mi compositor favorito es Debussy. Me encantó descubrir que Alejandro Viñes, amigo de Debussy y su mejor intérprete, fue ahijado también de Bloy. Ha sido especial también enterarme que Henri Nouwen, mi favorito en el tema de la espiritualidad compasiva, era excelente pianista y que Benedicto XVI sigue amando el piano. La música me ha introducido, en muchas ocasiones, en las voces del tiempo que les he compartido.

Las siguientes estrofas de un poema describen muy bien ese “encuentro” que vivo día a día con mi piano y de cómo, incluso los objetos que están sobre él o enseguida de él, le dan un toque especial en un ambiente contemplativo:

Mi piano es la serenidad de casa:

eterno y rico, pero no se siente;

nos acoge en el centro de la plaza

donde María nos cubre y consiente.

 

Protegidas por fotos de familia

las piezas se confunden en altura

con los hombres dando luz en vigilia

a lo que Dios susurró por ventura.

 

Cuando temo el porvenir de los míos

me dispongo a interpretar melodías,

Jesús me da la confianza del río

que siempre llena tinajas vacías.

 

Perfecto diario, mi célebre piano,

álbum sutil, audición duradera.

destellas belleza elegante hermano,

divina riqueza das al que espera.

 

VOCES EN EL TIEMPO

Martha Moreno