En una ocasión, un joven que viajaba en avión tuvo un encuentro que cambió su vida. Le tocó sentarse junto a la Madre Teresa de Calcuta. Platicaron un rato y al final ella le colocó un rosario en su mano. Era un rosario en el que se pedía por las benditas almas del purgatorio. Este joven sintió un llamado a promover el rosario. Él antes nunca lo rezaba, a pesar de venir de una familia irlandesa muy devota. Esa invitación al rosario se convirtió en su misión de vida. Esta historia es un ejemplo de las implicaciones que conocer a un santo puede tener en la vida de las personas.

Me encantaría que los jóvenes de hoy conocieran el amor que movió a Santa Teresa de Calcuta. Ella murió en 1997, año en el que nació mi segundo hijo. Cuando yo tenía 18 años fui a un congreso en el que ella iba a estar presente, pero por temas de salud no pudo asistir. Nos envió un mensaje a todos los asistentes en el que nos invitaba a encontrar al pobre, primero en nuestro propio hogar, y empezar amando ahí.

Hoy les quiero compartir tres vidas que se vieron impactadas por encuentros con la Madre Teresa. Estas tres personas ya estaban activamente buscando a Cristo. La Madre Teresa les dio consejos que también nos pueden servir a nosotros en el camino a la verdadera felicidad, que muchas veces creemos no encontrar por estar tan atados a las cosas de la tierra.

 

Del hermano Roger (1915 – 2005), fundador de Taizé, comunidad dedicada a los jóvenes, en un ambiente que busca la unidad entre los cristianos:

“Hace unos años viví una temporada con algunos hermanos en un barrio muy pobre de Calcuta. Por las tardes, la Madre Teresa me pedía que la acompañara a visitar a los leprosos que no esperaban más que la muerte. Y cada mañana, junto a uno de mis hermanos, médico, nos desplazábamos para cuidar a los niños más enfermos. Fue una experiencia que marcó mi vida. Los niños morían en nuestros brazos.

Desde el primer día me ocupé de una niñita de cuatro meses: su madre había muerto después de su nacimiento. Me aseguraron que posiblemente le quedara poco tiempo de vida. Madre Teresa la puso en mis brazos y me pidió con insistencia que la llevara a Taizé para que la atendieran allí.

Yo me decía: -Si esta bebita percibiera la inquietud que siento ante su posible muerte, ¿qué diría? – Y seguía pensando: -Deja tu inquietud transformarse en fe confiada. Reposando sobre tu corazón, experimentará al menos en su corta vida el bienestar de la confianza -.

Al llegar a Taizé, los hermanos se reunieron en mi habitación para ver a la bebita. Puse en mi cama a la pequeña Marie y por primera vez la oímos dar gritos de una bebé feliz.

Marie vivió y creció en la casa de mi hermana Genevieve. Hoy se ha hecho adulta. Yo soy su padrino y la quiero como un padre”.

De Shane Claiborne, activista, miembro fundador de El Camino Simple, cuya misión es vivir radicalmente el Evangelio en las calles de Filadelfia. Él, como cristiano evangélico, sentía que ya no existían verdaderos cristianos y emprendió una búsqueda por todo el mundo:

“Emprendí la búsqueda de un cristiano. Observé a mi alrededor con la esperanza de encontrar a alguien más que se preguntara si Jesús quiso decir lo que dijo. Pero sólo encontraba personas fallecidas, como los padres y las madres del siglo V, Francisco y Clara de Asís, Dietrich Bonhoeffer, Martin Luther King Jr., Oscar Romero… Luego me encontré con Dorothy Day y Madre Teresa… Por desgracia para mi búsqueda, Dorothy murió en 1980. Sin embargo, Madre Teresa aún estaba con vida. Le escribí una carta: – Madre Teresa, no sabemos si usted ofrece pasantías en Calcuta, pero nos encantaría visitarla-. Al transcurrir unas cuantas semanas sin respuesta, me sentí inquieto. Después de muchos esfuerzos conseguí un número que no me contestaba, hasta que me di cuenta de que tenía que llamar a las dos de la mañana por la diferencia de horarios. Me contestó una voz apagada que dijo: – Este es el número de las Misioneras de la Caridad. Habla Madre Teresa -. Mi primera reacción fue: -Sí, claro, y yo soy el Papa – pero me contuve. Le comenté que le habíamos escrito, que queríamos visitarla y trabajar con ella. Ella me dijo: – Vengan y quédense todo el verano -. Yo le respondí: -¿Dónde vamos a comer y a dormir – Y ella me dijo: -Dios cuida de los lirios y de las aves, y Dios cuidará de ustedes. Sólo vengan y vean-”.

 

Del sacerdote, escritor y psicólogo Henri Nouwen:

“Una vez, hace ya bastantes años, tuve la oportunidad de charlar con la Madre Teresa de Calcuta. Yo me debatía entonces en un mar de dudas y decidí aprovechar la ocasión para pedirle consejo. Tan pronto como me senté a su lado, empecé a explicarle todos mis problemas y dificultades, tratando de convencerla de lo complicado que era todo aquello. Cuando, después de diez minutos de elaborada explicación, por fin me quedé en silencio, la Madre Teresa me miró con serenidad y me dijo: -si usted pasa una hora al día adorando a su Señor y no hace nunca nada a sabiendas de que está mal, se encontrará estupendamente-.

Al decirme esto, me di cuenta inmediatamente de que había pinchado el gran globo de complicada autocompasión que yo había estado inflando, y de que me había señalado, más allá de mí mismo, el lugar de la verdadera curación. De hecho, me quedé tan aturdido con su respuesta, que ya no sentí ningún deseo ni necesidad de seguir la conversación. De manera que le di las gracias y me marché. Sus breves palabras se grabaron en mi corazón y en mi mente, y permanecen hasta hoy. Comprendí que ella había dicho la verdad, y que yo tenía el resto de mi vida para vivirla”.

¿Con qué ideas me quedo a partir de esos encuentros con la Madre Teresa que transformaron vidas? 1. Compromiso con la vida, con la vida del más pequeño, tomando en cuenta lo que le pidió Madre Teresa al Hermano Roger de Taizé. 2. Sí existen verdaderos cristianos, como lo comprobó Shane Claiborne, y estamos llamados nosotros a ser esos verdaderos cristianos que deben “ir y ver” para encontrar el amor y servir en ese amor. 3. Acudir al Santísimo y descubrir que ahí está el sentido de la vida, como lo descubrió Henri Nouwen. 4. Hacer el bien y evitar el mal, llevando el amor en nuestro corazón y acciones. 5. En resumidas cuentas: Amar y servir, siendo otros Cristos de la mano de María Santísima (y valorando el rosario).

VOCES EN EL TIEMPO.

MARTHA MORENO. AMDG