Pensando en el Cántico de las Criaturas que le debemos a San Francisco de Asís, representante por excelencia de una humanidad elevada en amor y virtud, me uno a ese himno de alabanza con profunda gratitud, asombro y petición de humildad:

Altísimo, Omnipotente, Buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria, el honor y toda bendición.

Loado seas, mi Señor, por el despertador increíble de tu creación, reflejo de tu Verdad y Belleza.

Loado seas, mi Señor, por tu hijo Francisco quien nos compartió dos poderosas ciencias: la verdadera alegría y a su dama pobreza.

Loado seas, mi Señor, por invitarnos a trabajar en este mundo para crecer en fortaleza.

Loado seas, mi Señor, por cada florecilla que adorna tu paraíso en la tierra.

Loado seas, mi Señor, por las voces de los árboles que abren nuestros candados y puertas.

Loado seas, mi Señor, por las piedras que esperan la llegada de niños que jugarán con ellas.

Loado seas, mi Señor, por cada prójimo que a Jesús, en su interior, hospeda.

Loado seas, mi Señor, por los encantos del cielo, por la luna y las estrellas.

Loado seas, mi Señor, por los mosquitos que me molestan, pero cumplen su objetivo en este planeta.

Loado seas, mi Señor, por cada día que me prestas para descubrirte en tu grandeza.

Loado seas, mi Señor, por tu Palabra que vive y nos da esperanza aun en tinieblas.

Loado seas, mi Señor, por el mes de octubre que me entrega luces de sus santos y promesas.

Loado seas, mi Señor, por tu música que me derrite, consuela y eleva.

Loado seas, mi Señor, por mi esposo y por mis hijos, con quienes quiero practicar la hospitalidad perfecta.

Loado seas, mi Señor, por cada poeta que se entusiasma con la realidad y la plasma en palabras que alientan.

Loado seas, mi Señor, por las sonrisas de los rostros que conservan la fe en los gozos y en las penas.

Loado seas, mi Señor, por nuestras amistades y por nuestras hermanas las fiestas.

Loado seas, mi Señor, por cada bebé que ya viene como fuente de bendición, noble misión y reverencia.

Loado seas, mi Señor, por Strauss y por sus Cuentos sobre los Bosques de Viena.

Loado seas, mi Señor, por compartirnos a María, como Madre y dulcísima Reina.

Loado seas, mi Señor, por la Eucaristía, el regalo más grande con el que nos das vida eterna.

Por último, loado seas, mi Señor, por mi hermano Debussy que, como compositor, no sólo escribió partituras, sino también palabras hermosas como éstas:

“Aquí están los árboles que extienden sus ramas hacia el cielo, aquí las flores olorosas que sonríen en la pradera, aquí está la tierra deliciosamente engalanada con abundante herbaje. Y, sin darse uno cuenta, se juntan las manos en oración. Sentir a qué excitantes e imponentes espectáculos invita la naturaleza a sus caducas y estremecidas criaturas: a eso lo llamo orar”.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO