“¿Acaso el presbiterio de Notre Dame, en las últimas horas de una tarde de abril, no es como una gran nave de dolor que surca el curso de los años?”
Paris de Julien Green
Con la intención de escribir sobre Ana Catalina Emmerick y su vida en la Pasión de Jesús, me propuse encontrar fragmentos sobre la influencia de esta santa estigmatizada en los Diarios de Leon Bloy. Este escritor francés encontró en Santa Ana Catalina un perfecto modelo de vida cristiana asentada en la Cruz. Mientras leía me llamó la atención una carta que le escribió Raugel, director de orquesta, a Bloy, sobre una catedral incendiada. Era la Basílica de San Quintín en tiempos de la Primera Guerra Mundial. El músico le compartió su desolación y tristeza por el terrible acontecimiento: “¡Una Catedral más asesinada! La maravillosa basílica de San Quintín, en otros tiempos colegiata y real, la iglesia de mi bautismo, mi comunión y mi matrimonio, eje de mi vida artística y usted sabe que esto es todo para mí, ha sido incendiada. Era necesario el sacrificio de este admirable monumento de los siglos XIII y XIV, visitado por San Luis. No me consolaré jamás, pues estas ruinas de nuestro arte y de nuestra fe son verdaderamente irreparables”.
Teniendo esa imagen de un incendio en mi cabeza y pensando en el sufrimiento que había provocado este hecho en un artista, me llegó por celular la foto de Notre Dame en llamas. Me impresioné mucho, sobre todo tomando en cuenta el papel que jugó Leon Bloy en la renovación de la Iglesia Católica en Francia a principios del siglo XX. Tanto su ofrecimiento en el dolor como sus escritos fueron causa de numerosas conversiones. Para Bloy las palabras de Jesús: “He venido a traer fuego sobre la tierra, ¿qué puedo desear sino que arda?” eran como un mandamiento. Él sentía que todo católico tenía el derecho y el deber de ser un incendiario: “Henos aquí, pues, con la antorcha en la mano para una tentativa de abrazo universal”.
Notre Dame consumida por el fuego ha producido en Francia y en el mundo entero una angustia muy fuerte. El accidente será investigado y se habla ya de un proyecto para su reconstrucción. Se necesitará mucho tiempo, dinero y esfuerzo para que este importantísimo templo vuelva a brillar por su esplendor. Sin embargo, este santuario que contenía lo más grande del universo (Jesús en la Eucaristía) así como otros tesoros que parece que se salvaron (Corona de Espinas, un fragmento de la Cruz y uno de los clavos) se nos presenta ahora como una fuente de gracias que nos invita a renovar el fuego del amor de Jesús en nosotros, en la Iglesia, en Francia y en el mundo entero. Ha sido mucho el tiempo de frialdad e indiferencia en una Europa que le ha dado la espalda a su identidad cristiana. Me gustó mucho la oración de un obispo que se estuvo enviando por las redes sociales: “Querida Madre, te suplicamos que esta desgracia se convierta en gracia, de forma que la restauración de tu templo de Notre Dame, llegue a ser una parábola de la reconstrucción de la fe en Europa desde sus cenizas”.
¿Qué es lo que más se necesita para esta reconstrucción visible e invisible? Creo que el elemento esencial es la oración. A mis tres santas favoritas francesas les pido en este día su intercesión por la restauración de la Catedral de Nuestra Señora de Paris que lleve consigo la vuelta a la fe de sus hijos que necesitan el fuego nuevo del Corazón de Cristo. Ellas son Santa Margarita María de Alacoque, Santa Teresita de Lisieux y Santa Isabel de la Trinidad. Las tres vivieron incendios profundos de amor.
De la siguiente manera describió Santa Margarita María de Alacoque la forma en que se le presentó el Sagrado Corazón de Jesús: “Después de esto se me presentó el Corazón Divino como en un trono de llamas, más ardiente que el sol, y transparente como un cristal, con su adorable llaga. Estaba rodeado de una corona de espinas que simbolizaba las punzadas que nuestros pecados le inferían; y una cruz encima significaba que desde los primeros instantes de la Encarnación, es decir, desde que fue formado este Sagrado Corazón, fue implantada en Él la cruz. Desde aquellos primeros momentos se vio lleno de todas las amarguras que debían causarle las humillaciones, pobreza, dolor y desprecio que la Sagrada Humanidad debía sufrir durante todo el curso de su vida y en su Sagrada Pasión.”
Santa Teresita del Niño Jesús se ofreció a Jesús como víctima en el fuego de su amor: “¡Oh Jesús, sea yo esta dichosa víctima, consumid vuestra pequeña hostia en el fuego del divino amor!”
Santa Isabel de la Trinidad, apoyándose en palabras de Ruysbroek, invitó a la contemplación con el ejemplo de la Virgen María: “Ella torna hacia los hombres, se compadece de todas sus necesidades, se inclina sobre todas sus miserias; es preciso que ella llore y que ella fecunde. Ella alumbra como el fuego; como el fuego quema, absorbe y devora, elevando al cielo lo que ha devorado. Y una vez cumplida su misión en la tierra se remonta y emprende, ardiendo en su propio fuego, el camino hacia la altura.”
Otra mujer francesa, Marta Robin, mística y estigmatizada, compuso esta plegaria de Pentecostés: “Espíritu Santo, Dios de amor, venid como un viento potente a nuestras catedrales, a nuestras iglesias, a nuestras capillas, a nuestros cenáculos, a las más lujosas mansiones como a las más humildes moradas. Llenad la tierra entera de vuestra luz, de vuestros consuelos y de vuestro amor. Venid, Espíritu de amor, traed al mundo el frescor de vuestro soplo santificante. Envolved a todos los hombres con el fulgor de vuestra gracia. Arrastradles a todos en el esplendor de vuestra gloria.”
No escribí en esta ocasión sobre Santa Ana Catalina Emmerick, pero los temas expuestos en este artículo, como son el fuego, el templo, la Corona de Espinas, la Cruz, los clavos y el ser víctima por amor, describen perfectamente su vida.
Termino con la siguiente frase de las Radiaciones de Jünger en oración para que se haga realidad: “Donde la llama visible consume, la invisible otorga dones”.
VOCES EN EL TIEMPO. MARTHA MORENO
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