Una de las bondades del mundo digital es que invita a la comodidad y a la facilidad para entrar en las redes y conexiones de manera amigable, permitiendo un acercamiento a muchísimas personas que de otra manera no sería posible. Por otro lado, estas formas de relación abren la puerta a grandes complicaciones. Un frente virtual se presta al fingimiento, a la utilización de máscaras y a presentar realidades maquilladas que sólo generan ansiedades, preocupaciones y a veces, depresión. En esta exposición de nuestras vidas con un afán de “ser vistos” estamos dando la espalda a una virtud que ayuda al ser humano a ser auténtico, sencillo y honesto. Me refiero a la “simplicidad”.

El sacerdote y escritor Henri Nouwen, en uno de sus diarios, escribió sobre la virtud de la simplicidad que es muy necesaria para alcanzar la paz interior y la verdadera libertad.

“Hoy tuve la fortísima sensación de que las cosas son básicamente simples. Si pudiera amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi mente, sentiría una gran libertad interior, lo suficientemente grande como para abrazar todo cuanto existe y también lo suficientemente grande como para evitar que los pequeños acontecimientos me desanimen. Durante algunas horas sentí que la presencia de Dios era tan obvia y mi amor por Él tan central, que todas las complicaciones de la vida parecían unificarse en un solo punto y se volvían sencillas y claras. Cuando mi corazón permanece indiviso, mi mente sólo se interesa por Dios y mi alma está llena de su amor.”

Una persona que vive la simplicidad reúne varias de las siguientes características: a) Vive sin doblez ni división. b) No conoce disfraz o fingimiento, c) Se manifiesta tal cual es, sin engaño, a través de sus palabras y sus obras. d) No necesita protegerse de su propia verdad con presunciones o apariencias diseñadas. e)  Se abre a su realidad conociéndose a sí misma. f)  Sabe vivir el presente sin lamentarse por lo que no puede disfrutar. g) Ha sabido manejar sus inquietudes logrando, con ayuda de Dios, serenar su vida. h) Es natural y auténtica. Su honestidad es interesante para los demás precisamente porque no trata de que otros la encuentren fascinante. i) Actúa con rectitud de intención.

Un ejemplo muy claro de una vida que dejó huella por su simplicidad es la de Santa Bernardita Soubirous, una pastora a la que se le apareció la Virgen en el sur de Francia, en un tiempo difícil de dolor y cambios sociales.  Tiempo después de lo ocurrido en Lourdes, y de los efectos de conversión y curación que se produjeron (y se siguen produciendo), Bernardita optó por la vida religiosa. Su vida pudo estar llena de luces y reconocimientos, pero ella se quiso dedicar totalmente a la contemplación y al ofrecimiento de su vida. Sufrió mucho en el convento porque era vista con desconfianza. Nunca volvió al lugar donde con tanto cariño se encontraba con la Inmaculada Concepción. Ella dijo: “Yo me quedo en mi rincón”.

Cuando se inició el proceso de beatificación de Bernardita, dos de las personas que estuvieron más cerca de ella, no entendían el nuevo tipo de santidad que habían tenido bajo su tutela. Tanto para la Madre Superiora como para la Maestra de Novicias del Convento de las Hermanas de la Caridad de Nevers, la santidad de Bernardita era difícil de entender por ser ordinaria y simple. Era sencilla, no se notaba, enfermiza, ciertamente cumplida y tierna, pero en cierta forma escondida de la vista de las demás sin buscar sobresalir. La vida de completa unión con Dios de Bernardita no era visible para el mundo pero encerraban un abandono total, confianza absoluta y perfecta humildad, que la embellecían con  dulzura y paz.

No en vano fue elegida para entregar un mensaje muy importante para la humanidad. Era tan pequeña que podía ser capaz de abrirse por entero a Dios. Su deseo de recibir la Primera Comunión cuando ya tenía casi 14 años era tan grande y auténtico que no pasó inadvertido para la Virgen María, quien encontró en ella a una maravillosa emisaria que se mantendría fiel a esas virtudes que fueron tan especiales en María: humildad, sencillez, guarda del corazón y pureza.

Una frase que refleja la gran simplicidad de Bernardita es la siguiente: “Cuanto más sencillo se escriba será mejor. A fuerza de querer adornar las cosas se les desfigura.”

René Laurentin, biógrafo de Bernardita, escribió: “La santidad de Bernardita es una santidad sin escritos ni triunfos humanos. Es una santidad de pobre… Bernardita ha tomado sensiblemente por modelo a la Virgen María, obra maestra de Dios, formadora de la humanidad de Jesús, y prototipo de la Iglesia.”

¿Cómo se puede explicar a los hombres y mujeres del siglo XXI el significado de la virtud de la simplicidad cuando vivimos en ambientes donde todo se adorna, todo se complica y reina la apariencia? ¿Cómo contrarrestar esas necesidades de llamar la atención, disfrazar nuestra realidad  o querer siempre ser vistos entre complejidades y fingimientos que son complicaciones de nuestro interior? ¿Está la simplicidad en peligro de extinción?

San Rafael Arnáiz (el hermano Rafael, monje trapense) escribió en una de sus cartas: “Cuántos tortuosos caminos hay que recorrer para llegar a lo simple. Qué cosa más incómoda es la complicación… y cómo gustamos los hombres de complicárnoslo todo. Muchas veces si no practicamos la virtud es debido a nuestro complicado modo de ser, que rechaza lo que es sencillo.”

VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO