En la alegría de la Resurrección, les quiero compartir algunas ideas de autores que amaron profundamente a Jesús. Estos pensamientos nos pueden ayudar a ver la Resurrección como un misterio de amor que se sigue dando día con día: amor incondicional que nos viene de Dios.

  1. Nuevamente estoy leyendo el libro: La Montaña de los Siete Círculos del monje Thomas Merton (1915- 1968). Es una autobiografía donde Merton relata su vida desde niño, su conversión y entrada a un monasterio trapense. Encontré un episodio donde Merton reflexiona sobre su hermanito pequeño John Paul. Señala que a muchos hermanos mayores no les gusta la compañía de sus hermanos más chicos y los ven con desdén. Su hermanito, a pesar de ser maltratado constantemente por él, permanecía siempre a su lado, mostrando un amor incondicional. Y Thomas rechazaba ese amor porque no lo entendía y se sentía incómodo con esas muestras de cariño frente a sus amigos. Muchas veces no entendemos el amor incondicional de Dios, que nos ama a pesar de nuestros olvidos y maltratos, que sacrificó a su Hijo para salvarnos y éste, al resucitar, abrió para nosotros la verdadera vida. Dios nos ama al estilo de John Paul. No se mueve de nuestro lado, esperando que nos abramos a su amor y a sus bendiciones. Quiere esa resurrección para nosotros. En el caso de Thomas Merton, con el paso del tiempo, descubrió la maravilla del amor en Jesús Resucitado.
  2. La escritora católica inglesa Caryll Houselander (1901- 1954) resalta en sus libros la grandeza de la Resurrección como un misterio continuo de amor. Ella dice que en cada vida hay muchas resurrecciones secretas. Cuando estamos en pecado, somos las tumbas donde Cristo permanece muerto, pero al primer movimiento de arrepentimiento por nuestra falta, Él se levanta de esa muerte en nosotros. Nuestra alma, que estaba en la oscuridad, irradia la luz de la mañana de la Resurrección. En el momento en el que somos perdonados, el mundo se llena de perdón. Estas frases me conmovieron mucho: “Todos los días, en todos los lugares del mundo, hay resurrecciones. Cuando un bebé es bautizado, Cristo vive de nuevo en su nueva vida. Cuando un converso es recibido en la Iglesia, Cristo vuelve al mundo. Al momento de que un joven murmura su historia de pecados en el sacramento de la confesión y recibe la absolución, Cristo vive otra vez en el corazón de la humanidad. Si una mujer, olvidada para el mundo, muere en su casa de retiro, es probable que parezca que nada extraordinario pasó para sus cuidadores, pero a los ojos de Dios, Padre Eterno, Cristo ha resucitado de nuevo. Todos los días, miles de personas reciben la Sagrada Comunión. En esas misas se renovó el sacrificio de Jesús en la Cruz y su Resurrección. No hay lugar donde Cristo no pueda volver: prisiones, hospitales, escuelas, campos, barcos, catedrales y templos. Jesús vuelve a las casas de los enfermos y moribundos… El amor vuelve a la vida. Hay Resurrección en todo lugar”. Realmente es hermoso el pensar que Jesús resucita en nosotros y es a través de su resurrección como nos envía su amor.
  3. Otra manera de descubrir la fuerza de la resurrección escondida en el amor, la encuentro en una frase del cardenal Faulhauber, que citó María Von Trapp en la historia de su familia: “Muchos han perdido su fe en Dios porque primero perdieron la fe en el hombre y, también muchos han encontrado la fe en Dios, porque encontraron un buen hombre que los ayudó a quitarse la amargura del corazón”. ¿Cómo ser ese tipo de personas que son capaces de ayudar a otras a quitarse las amarguras del corazón, para dar paso a la resurrección de Jesús en ellas? En nuestro mundo, que decepciona tanto a los jóvenes por tanta maldad, es muy importante generar constantes actos de bondad para que se den esas resurrecciones en la fe y en el amor. El gran milagro del Amor Divino es que la Resurrección de Jesús se nos da para compartirla en movimientos de amor. Caryll Houselander nos invita a un amor que debe crear, permanecer alegre, brindar luz y paz. Debe ser un amor que perdone, sane, sostenga y unifique. Un amor que dé vida al mundo y belleza para vivir. Amor que se refleje en obras de misericordia. Es el amor del Padre Eterno por su único Hijo que se nos da para nosotros y para compartirlo.

¿Y cómo reconocer que hemos encontrado el amor en Jesús resucitado? El hermano Roger, fundador de la comunidad ecuménica Taizé, nos responde: “Tú que aspiras a seguir al Resucitado, ¿en qué signo reconoces que lo has encontrado? Cuando, avanzando hacia Él, tus combates interiores no te endurecen, sino que te conducen a las fuentes mismas de su amor. En ese cambio interior, todo lo que hubiera podido quebrar las fibras del alma, la impresión de inutilidad, la soledad humana, ya no bloquean el camino. Y se abre paso un hueco que va siempre desde la inquietud a la confianza en Dios”. Vivamos nuestra vida en Cristo, en Cristo Resucitado, para resucitar en el amor.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO