Tomando en cuenta las siguientes palabras del libro del Eclesiástico, les comparto un poema que surge de la puerta angosta por la que nos invita a entrar Jesús:

“La mirada del Señor está puesta sobre los que lo aman, es una poderosa protección, sostén lleno de fuerza, abrigo contra el viento del desierto, sombra contra el calor del mediodía, amparo contra los tropiezos, socorro contra las caídas. El Señor renueva el entusiasmo e ilumina los ojos, da salud, vida y bendición”. Eclesiástico 34, 16-17.

La puerta angosta

Quiero escribir la guía sentimental

para abrazar con mi familia el sendero

de un cristianismo valiente y verdadero

que convierta mi cariño en manantial.

 

Dispuestos a atravesar la angosta puerta

con una alegría contagiosa y plena,

ofreciendo nuestra existencia en patena

para compartir con Jesús nuestra fiesta.

 

Ser caballeros errantes al rescate

del amor puro, tesoro prisionero,

gocemos la perla oculta en el madero

que en virtudes brille sola en el combate.

 

Transformemos los paisajes en razones:

ver un lirio como cápsula del tiempo,

en cada niño lo místico del viento

y a los ángeles subiendo en escalones.

 

Hacia un encuentro en Trinidad esperado

que nos encienda entre mundos tan oscuros,

¡no se puede continuar siempre seguro

en la tierra donde Dios es olvidado!

 

Me propongo diseñar un corto diario

que refleje la bondad de cada día,

infundamos esperanza en la abadía

que nos guarde el corazón en noble armario.

 

Cada instante una alabanza a su belleza,

cada siglo un nuevo trono a Dios perfecto,

cada célula se incline ante el talento

de un Creador que nos derrita en gentileza.

 

Mandamiento que es misión conciliadora,

un amor que ya responde a su objetivo:

alma, fuerza, corazón, preparativo

que dé gloria a la sapiencia redentora.

 

Voces en el tiempo

Martha Moreno