En los ambientes actuales donde nos movemos es común el ver la pérdida de fe en las generaciones más jóvenes. Al cuestionar el mundo incongruente que los rodea, cargado de materialismo, relativismo y dependencia de la técnica, terminan dudando también de su sentido espiritual. Muchos logran superar esta etapa gracias a la formación recibida y al apoyo de las familias, pero cada vez se va sintiendo más un adormecimiento que está haciendo mucho daño a nuestra sociedad.

Santa Mónica, como madre que, mediante sus plegarias y lágrimas, logró no sólo la conversión de su hijo Agustín, sino el llevarlo a ser uno de los más grandes santos de la Iglesia, nos invita a ser perseverantes en la oración por nuestros hijos. Ante las dificultades de fe de los hijos no se debe perder la esperanza. Es muy importante que los padres continúen conscientes de su vocación orante y de ofrecimiento por sus hijos. Dios siempre escucha las oraciones y concede más gracias de las que se le piden.

Hoy les quiero compartir unos ejemplos que nos dan esa esperanza de manera muy clara:

  1. El hermano Roger de Taizé, fundador de la comunidad de Taizé en Francia, fue capaz de atraer a muchísimos jóvenes al servicio de Cristo. Son suyas estas palabras de consejo: “Recibo una pareja. Tienen un grave problema con dos de sus hijos. ¿Cómo sacarlos de su desgracia? ¿Cómo persuadirlos de que, aunque sus hijos han tomado cierta distancia para con ellos, e incluso para con Dios, no por eso tienen que atormentarse por su porvenir? Ya les han dado, como por ósmosis, lo mejor de ellos mismos, y eso mejor resurgirá en el momento en que los hijos deberán asumir responsabilidades decisivas, quizá cuando les toque, a su vez, educar a sus propios hijos. Tendrán que hacer entonces una selección de lo asimilado, y retendrán la fina flor, el trigo puro recibido de sus padres”. ASOMBRO DE UN AMOR
  2. Santa Teresita de Lisieux, en sus reflexiones, logró sentir la seguridad de que si ella era atraída de formas tan fuertes al amor de Dios, al orar fuertemente por los suyos, los podía   hacer entrar también en esa corriente de amor. Ella experimentó que, al ser abrazada por Dios, también quedaban dentro de ese abrazo las almas que ella auxiliaba en sus oraciones. Así lo dejó escrito: “Así como un torrente arrastra consigo a las profundidades del mar todo cuanto encuentra a su paso, del mismo modo, ¡oh Jesús!, el alma que se pierde en el océano sin límites de vuestro amor, atrae en pos de sí todos sus tesoros. Vos sabéis, Señor, que mis tesoros son las almas que os plugo unir a la mía; Vos mismo me encomendásteis esos tesoros…” HISTORIA DE UN ALMA
  3. El escritor francés Leon Bloy, con sus sacrificios, oraciones y escritos, acercó a muchísimas personas a Jesús. Él mismo fue un converso que reconoció el gran valor de las oraciones de su madre. Aquí les comparto un extracto de una carta que le escribió su mamá:

“Mi buen León, mi querido hijo:

¡Qué emoción me ha causado tu buena carta! ¡Qué dulces y felices lágrimas me ha hecho derramar! ¡Oh, querido hijo, solamente ahora te será dado conocer la verdadera felicidad! ¡Qué son todas las alegrías del mundo comparadas con un solo momento pasado al pie de la Cruz de Jesús! Cómo he deseado que Dios llenara tu corazón; lo había creado muy vasto para que ninguna otra cosa sino Él pudiera llenarlo. Llegará un momento en que encontrarás demasiado pequeño tu corazón, donde pedirás a ese Dios tan bueno que lo ensanche para amarlo más intensamente”.

  1. Santa Gertrudis de Helfta, en su obra: El heraldo del Amor Divino, explicó que muchas veces se puede sentir que nuestra oración no da fruto pero tenemos que ser pacientes. Pueden pasar incluso años desde que se inicia la oración sin que se vea resultado pero, cuando llegue el proceso de conversión, que se dará por gracia de Dios, toda esa oración entrará en el alma y producirá mucho fruto. Será como una explosión de gracia.

Otras tres ideas que pueden hacer crecer la oración y esperanza de los padres son:

  1. Acogerse a las promesas del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque. Consagrar el hogar al Sagrado Corazón de Jesús y, mientras los hijos son pequeños, vivir con ellos la experiencia de comulgar los primeros nueve viernes de mes. Ese es un gran regalo para la vida futura de los hijos y todo un camino de conversión familiar.
  2. Antes de los cumpleaños de los hijos dedicarles unos días especiales de oración. Pensar en lo que queremos que Dios les conceda, pedir la ayuda de la Virgen y de los santos, elegir o inventar alguna oración especial, ofrecer un rosario, etc. Sería como un ramillete espiritual.
  3. Elegir a un santo para que sea amigo especial de nuestros hijos. Desde chiquitos dárselos a conocer, hablarles de su vida y de cómo fue su amistad con Dios. Y a ese santo pedirle su intercesión para que sea guía de nuestros hijos.

Y ya sea que tengan 5, 15 o 50 años, nunca dejemos de orar por nuestros hijos.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO