“Que las personas oprimidas y quienes las oprimen se liberen recíprocamente.
Que quienes son discapacitados y quienes piensan que no lo son se ayuden unos a otros.
Que cuantos necesitan que alguien los escuche conmuevan el corazón de los que están muy ocupados.
Que quienes no tienen una casa lleven alegría a quienes, de mala gana, abren sus puertas.
Que los solitarios sanen a quienes creen ser autosuficientes.
Que los pobres toquen el corazón de los ricos.
Que quienes buscan la verdad den la vida a cuantos están satisfechos creyendo que ya lo saben todo.
Que los moribundos, que no querrían morir, sean consolados por aquellos a los que les resulta durísimo vivir.
Que quienes no son amados abran el corazón de quienes no logran amar.
Que los prisioneros encuentren la verdadera libertad y liberen del miedo a los demás.
Que quienes duermen en la calle compartan su gentileza con cuantos no logran comprenderlos.
Que los hambrientos arranquen el velo de los ojos de los que no tienen hambre de justicia.
Que quienes viven sin esperanza purifiquen el corazón de sus hermanos y de sus hermanas que tienen miedo de vivir.
Que los débiles confundan a los fuertes y los salven.
Que la compasión venza al odio.”
Que los hombres y las mujeres de paz neutralicen la violencia. Que ella se rinda ante quienes son totalmente vulnerables.
Para que todos podamos ser sanados.”
La persona que escribió esta oración de sanación, de unidad de los contrarios, de compasión y de reconciliación se llama Teresa. En esta oración entrega a cada ser humano la posibilidad de servir y de sentirse plenamente amado por Dios que siempre busca el bien de todos sus hijos. La autora no es Santa Teresita de Lisieux o Santa Teresa de Ávila. No es Santa Teresa Benedicta de la Cruz ni la Madre Teresa de Calcuta. Sin embargo, su vida encarnó muchas de las cualidades de estas grandes “Teresas” centradas en la entrega a Dios y a los más necesitados.
La oración la redactó Teresa Vanier, veterana, doctora, hematóloga, especialista en cuidados paliativos y fundadora de los hogares “El Arca” para discapacitados en Reino Unido. Ella fue hermana de Jean Vanier, de quien ya les he escrito. Murió en el año 2014 a los 91 años después de haber cumplido las tres misiones que Dios le encomendó: trabajar con enfermos terminales, apoyar a los discapacitados, y promover, mediante la oración y acciones concretas, la unidad de todos los cristianos.
La vida de fe de Teresa tuvo sus bases en los valores recibidos de su familia, en la espiritualidad del beato Carlos de Foucauld, y en una frase de San Francisco de Asís: “Predica el Evangelio en todo momento. Si es necesario usa palabras”. Sus actos fueron ejemplo de lo que Jesús espera de cada uno de nosotros. Teniendo su vida y carrera resueltas como destacada y reconocida doctora, decidió seguir el consejo de un sacerdote anciano de Liverpool que le dijo: “cuando tengas tomar una decisión importante opta siempre por los medios más pobres”. Poco antes de cumplir sus 50 años se lanzó a trabajar en el proyecto de su hermano menor Jean y abrió la primera casa de “El Arca” para personas con discapacidad mental en Canterbury. Este movimiento de vida implicó dejar la seguridad de un hospital, ofrecer sus recursos y vida a los más débiles, y entrar de lleno en el camino de sus santos amigos San Francisco y Carlos de Foucauld.
Te invito a reflexionar en esta oración que nos comparte Teresa. Cada uno de nosotros necesitamos ser curados de nuestras heridas, fallas, angustias y tristezas. Muchas veces serán los que en apariencia son más débiles los que nos podrán sanar. La verdadera paz vendrá de los pobres, de los marginados, de los enfermos, de los que lloran… Busquemos un encuentro con ellos porque en ellos está Jesús.

Voces en el Tiempo
Martha Moreno
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