Una misma realidad puede ser contemplada de maneras diferentes. Un ejemplo cautivador lo podemos descubrir en una estampa muy famosa del artista japonés Katsushika Hokusai (1760-1849) llamada La Gran Ola de Kanagawa. El elemento principal de esta pintura flotante es el mar que, en la forma de una ola, muestra su gran fuerza al abrirle espacio a una montaña sagrada (Monte Fuji).

El mar embravecido y las olas gigantes pueden causar miedo. Si yo estuviera en una de las barcazas del grabado, frente a la ola, claramente sentiría la aproximación de una catástrofe. Sin embargo, ese mismo fenómeno pudiera ser todo un reto e invitación a la aventura para un surfista. La imagen de esta ola provocó en su tiempo reacciones muy positivas en pintores, músicos y literatos, quienes la aprovecharon para soltar su creatividad. Para Van Gogh y Monet en la pintura, Debussy en la música, y Rainer Maria Rilke en la literatura, esta muestra de arte japonés fue toda una inspiración que los llevó a un encuentro diferente con el color, el espacio y el tiempo.

Si tuviéramos una gran ola frente a nosotros, ¿cómo reaccionaríamos? ¿Cómo recibimos las olas gigantes en nuestra vida? ¿Sabemos encontrar en el mar de la vida todo su esplendor, profundidad y belleza, o sólo vemos en él elementos que nos atemorizan? ¿Qué visión tenía de la vida el pintor Hokusai que lo llevó a representar esta gran ola?

La forma humilde de ver la vida del pintor Hokusai nos invita a viajar a nuestro interior y reflexionar. Para él, la vida, como una ola, implicaba una elevación que luego regresaba a la paz de su inicio. Son suyas estas palabras: “A la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de cincuenta había producido un gran número de dibujos. Con todo, ninguno tenía un verdadero mérito hasta la edad de setenta años. A los setenta y tres finalmente aprendí algo sobre la calidad verdadera de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, las hierbas o los árboles. Por lo tanto, a la edad de ochenta años habré hecho un cierto progreso. A los noventa habré penetrado el significado más profundo de las cosas, a los cien habré hecho realmente maravillas y a los ciento diez, cada punto, cada línea, poseerá vida propia”.

Hokusai vivió 89 años en los que trabajó intensamente. Según sus palabras pudo realizar ciertos progresos y casi llegó al punto de penetrar en el significado profundo de las cosas. Su obra dejó huella en su país y en el mundo, y definitivamente supo mirar y admirar su realidad.

La Gran Ola de Kanagawa y las olas que aparecen en diferentes períodos de nuestras vidas pueden llevarnos a grandes aprendizajes. Nos invitan a la valentía, a la contemplación, al asombro, a la confianza y a la fe. Yo por lo pronto llevo estas olas a mi oración:

“Ante las grandes olas, tormentas y decepciones, sólo puede voltear a verte, Jesús, en humildad tranquila.

Me liberas de la aflicción al enmudecer las olas y amainar mis tormentas.

Sin embargo, las olas y las tormentas ofrecen paisajes asombrosos que reflejan tu poder y magnificencia.

Tus regalos de gozo y sufrimiento integran el código necesario para descifrar mi existencia, siempre hilvanada a tu perfecta esencia.

Contigo me sumerjo en el Espíritu para siempre nadar en tu presencia.

Señor, facilitador del camino: me llevas, me dejas entrar en la marea, permaneces conmigo, para luego hacerme salir del vértigo y de las horas inciertas.

Gracias, Jesús bondadoso, por los escudos de paciencia que me despiertan a la trascendencia. Amén”.

 

 

MARTHA MORENO

VOCES EN EL TIEMPO