Ante un mundo en el que predomina el odio, la superficialidad y el hedonismo, es fácil que los jóvenes se sientan atrapados por la tristeza. Su horizonte se les presenta sombrío y confuso. Hoy es común que los jóvenes dejen de creer y cuestionen todo, empezando por Dios, el matrimonio, la familia y las instituciones. Se desilusionan al observar tantas fallas en todos los ambientes, y por eso llegan a pensar que es imposible salir adelante siendo personas íntegras. Los medios en lugar de ayudar perjudican al presentar continuamente ejemplos negativos y noticias pesimistas.

¿Esta situación es sólo del presente o todas las épocas han enfrentado los mismos obstáculos? ¿Cómo seguir apostándole a la verdad y a los valores cuando reina un clima en el que todo está permitido, en el que todo se obtiene fácil, pero a la vez la gente vive insatisfecha y sin esperanza?

A principios del siglo XX, una pareja de novios, estudiantes de la Sorbona, al meditar sobre la sensación de vacío que los agobiaba, decidieron hacer un pacto. Ellos se suicidarían si en un tiempo determinado no encontraban razones de peso para darle sentido a su existencia. Sus nombres eran Raissa Oumansov y Jacques Maritain. Pertenecían al movimiento cientificista que reducía todo el conocimiento a la evidencia que proporcionaba la ciencia. Jacques era protestante liberal pero agnóstico y racionalista. Raissa venía de una familia de origen judío. Ambos, como intelectuales honestos, suspiraban por la posibilidad de conocer la verdad que les era negada por el relativismo de su ambiente.

Su situación era muy parecida a la de muchos jóvenes de nuestros días. Limitaban sus creencias a lo que podían comprobar pero intuían que necesitaban algo más que no encontraban en su escéptico medio universitario. Se desesperaban al ver lo absurdo que era el no poder acceder a la esencia de la realidad. Ellos querían un porvenir donde pudieran alcanzar la verdad y ser capaces de dar todo por ella de manera congruente.

¿Qué ocurrió con ellos? Lo maravilloso y a la vez paradójico del pacto suicida que establecieron fue su compromiso por buscar la verdad y el sentido de su existencia. No se iban a quedar esperando. Iban a actuar tratando de encontrar el bien que anhelaban y por ello pusieron manos a la obra.

Primeramente empezaron a asistir a las clases de un maestro nada convencional. Su nombre era Henri Bergson y estaba en contra de las modas racionalistas y materialistas de su tiempo. Él aseguraba a sus estudiantes que el hombre sí era capaz de conocer su realidad y llegar al Absoluto. Jacques y Raissa sintieron que sus corazones ardían al ver cómo se les abría el terreno espiritual. En esas clases conocieron los escritos de Plotino y entraron al mundo de Dios y del alma humana.

En el año de 1904 se casaron y de manera providencial llegó a sus manos un libro que les cambió la vida: La Mujer Pobre del escritor Leon Bloy. Esa obra terminaba con una frase que sacudió sus proyectos: “Sólo existe una tristeza: la de no ser santos”. La belleza espiritual de los santos les brindó un modelo de integridad, armonía y bondad que les hizo ver que sí había una verdad invitante que era digna de ser seguida y apreciada. Fue Bloy quien, al entablar amistad con ellos, les abrió el mundo del  cristianismo en el que encontraron todo lo que buscaban. En 1906 recibieron el sacramento del bautismo acompañados por Bloy como padrino.

Más adelante encontrarían en toda la obra de Santo Tomás de Aquino un verdadero don para compartir con sus colegas y amigos.

Jacques y Raissa acercaron a muchos de sus amigos a esa nueva vida que habían descubierto. En su círculo estuvieron grandes artistas, filósofos, científicos, poetas, sacerdotes y hasta políticos. Raissa escribió en su diario el gran cariño que tuvo por sus amigos y cómo poco a poco, con la ayuda de la gracia, ellos también se fueron acercando a Dios.

¿A dónde quiero llegar con este testimonio de unos esposos que cambiaron la duda por la fe, el vacío por el sentido pleno, la incredulidad por una espiritualidad gozosa, y un pacto suicida por una vida fecunda que a pesar de los años sigue enriqueciendo al mundo? Precisamente a la idea de que nunca hay que perder la esperanza. En los momentos donde parece que todo está perdido y que la oscuridad domina nuestro planeta, siempre surgirán luces que ayudarán a que las personas nuevamente se entusiasmen por el bien, a que los valores vuelvan a su cauce, y a que la verdad resurja como el camino que Dios quiere en amor para nosotros. Deseo de corazón que las voces de Jacques y Raissa vuelvan a hablar a las nuevas generaciones que urgentemente necesitan maestros inspiradores.

 

Martha Moreno
Voces en el Tiempo