Me interpelan estas imágenes en el sentido filosófico. Me cuestionan requiriendo mi atención, mi acción y mi oración. Me interpelan:

Mis sueños de tormentas,

la mirada del enfermo,

la petición del que pobre camina peregrino;

la mirada de mis hijos,

el Sol y las estrellas

y las exhortaciones de los que viven conmigo.

Los salmos de alabanzas,

la palabra del profeta,

el que lucha cada día aceptando su destino;

el asombro tan perdido,

el que por todo siente frío,

el niño que no puede jugar con sus amigos.

La atmósfera traviesa,

las vidas en la guerra,

el que todo va dejando para seguir a Cristo;

los rincones de la Tierra,

mis más raras flaquezas,

el artista divisando un sentimiento en laberinto.

Tanto gozo inmerecido,

lo fácil del olvido,

la lealtad del petirrojo visitándome seguido;

las conciencias deformadas,

Jesús en el sagrario,

el padre que sufre el infortunio de su hijo.

El desperdicio de las gracias,

creernos dueños del sentido,

la dificultad de dar a Dios su lugar como Uno y Trino;

el bebé pidiendo vida,

el anciano suplicante,

la fuerza de las almas que oran en silencio.

 

La inocencia del poeta,

la austeridad del forastero,

y cómo todo pende de un cable tan ligero:

Cable eterno, cable firme,

conexión directa al cielo.

¡Me interpela cómo sigues Dios llevándome a tu nido!

¡Tantos tiempos, tantos hijos

que desdeñan tus suspiros!

¡Me derrite que Tú sigas como Padre receptivo!

¡Que esa fuerza de la espera

contagie caridades

y me brindes con María

el paso a tus bondades!

 

INTERPELACIONES EN LA ERA COVID

Dios también nos interpela con:

Los silencios que nos gritan,

los enfermos sin sonrisas,

el muchacho en su lamento por su padre en agonía;

el doctor que no descansa,

tanta gente sin trabajo,

la tristeza que ya inunda

un ambiente en apatía.

Ver los templos tan vacíos

y los bares que revientan,

hoy los niños ya no juegan

en los parques y las vías.

 

¡Ven ya pronto, mi María,

a dar consuelo en esta prueba

que no acaba y se renueva

en ansiedades y torpezas!

Tanto joven con mil dudas,

los ancianos tan solitos;

hay encuentros prohibidos

y proyectos en olvido.

Por un tiempo de paciencia,

de expiación y penitencia,

renovemos hoy la ciencia

de romper la indiferencia.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO