Hemos sido testigos de varios derrumbamientos que, dentro del gran dolor que han generado por las pérdidas de nuestros hermanos mexicanos, nos están invitando a levantarnos en un intento de renovación del alma de nuestra nación. En su obra Tú serás Rey, el beato mártir Anacleto González Flores nos invita a una reflexión cargada de actualidad:

“Debajo de este derrumbamiento de que todos somos testigos, está un derrumbamiento que muy pocos ven, que muchos se empeñan en ignorar, y que casi nadie ha sospechado hasta ahora. Ese derrumbamiento, que está debajo de todos nuestros grandes derrumbamientos, ha sido llamado el derrocamiento de los valores. Porque todo edificio político y social, descansa sobre las espaldas de los valores que lo han levantado y que lo sostienen. Si llega un momento en que un terremoto derriba y voltea esos valores, toda la construcción se viene debajo de una manera inevitable. Y si a lo largo de las páginas de la Historia es posible aún oír el estruendo de grandes edificios que caen y se hunden, es porque ha llegado la hora del derrocamiento… Y llegada la hora del derrocamiento no hay término medio, o se emprende la reconquista o se rehúye la batalla. Esto quiere decir que los valores humanos necesitan ponerse en marcha para abrirse paso, ganar una posición, retenerla invenciblemente y entregarla a una descendencia que sepa conservarla…” (Tú Serás Rey)

Ante los movimientos de la tierra y pérdidas humanas hemos encontrado un camino de unidad y reconstrucción. Estábamos dispersos. Todo nos inspiraba desconfianza. Era triste escuchar a los jóvenes sentirse avergonzados de ser mexicanos. El ambiente de corrupción, avaricia extrema, relativismo e indiferencia nos envolvía en desesperanza e impotencia.

El temblor ha sido terrible pero la sacudida está produciendo efectos en todo el mundo. Han fallecido muchas personas, eso nos hunde en el dolor, pero a millones se nos está dando una segunda oportunidad de despertar en humanismo y espiritualidad. Necesitamos encontrar nuestro fuego para surgir como seres humanos nuevos y como país nuevo capaz de soltar los vicios para volver al camino de  la virtud.

Cuando el gran matemático y filósofo Blaise Pascal murió, se encontró un escrito grabado en su saco que llevaba el título de “Fuego”. Esas palabras iban dirigidas al Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos y de los eruditos. En sus frases Pascal se entregaba totalmente a la certeza, sentimiento, gozo y paz que encontraba en el Dios de Jesucristo. Hubo un momento en la vida de Pascal que se encontró y unió de tal manera a Dios que ese fuego lo quiso traer con él por siempre. A partir de ese instante cambió su vida y quiso compartir, mediante sus escritos, la verdad que se le había revelado. Pascal imprimió en su Memorial ese fuego que le abrió el paso a una nueva vida basada en valores morales y trascendentales.

Las palabras tan famosas de Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no conoce” nos hacen volver a nuestra esencia solidaria. Ha sido mucho el egoísmo, la superficialidad y la absorción de ideologías. Hemos olvidado quiénes somos y a quién pertenecemos. Necesitamos volver a nuestro corazón. No me refiero al ciego sentimiento sino al conocimiento profundo del ser cotidiano y elemental del hombre. ¿Y cómo conocer quiénes somos y cuál es nuestro fuego?

Pascal también nos puede ayudar con algunas ideas de sus Pensamientos: “No solamente no conocemos a Dios sino por Jesucristo, sino que tampoco nos conocemos a nosotros mismos sino por Jesucristo… El corazón tiene razones que la razón no conoce. Yo digo que el corazón ama naturalmente al ser universal, y se ama naturalmente a sí mismo, en la medida en que se entrega…”

Hoy se siente la entrega de todos los mexicanos. Y de esa muestra de amor tiene que surgir una felicidad nueva capaz de volver a luchar, trabajar con ilusión por mejorar nuestro país, servir a los más débiles, transformar las estructuras, volver a creer.

Mantengamos encendido el fuego del servicio, de la empatía, de la ayuda desinteresada. Volvamos a sentirnos abrazados por nuestra identidad. Reconozcamos nuestro lugar privilegiado como nación protegida por el cariño de la Virgen de Guadalupe. Que las sacudidas nos den fuerzas nuevas. Que los derrumbamientos nos lleven al resurgimiento de los valores espirituales y humanos en un compromiso honesto. Que busquemos llevar grabado en nuestro corazón el fuego de nuestra pertenencia a Dios, de nuestra lealtad a nuestro país, y de nuestra entrega a nuestros hermanos.

VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO