Este año 2023 ha sido importante para todos los admiradores del escritor J.R.R. Tolkien. Se acaban de cumplir 50 años de su fallecimiento. El Señor de los Anillos ha sido considerado como el libro del milenio de acuerdo con una votación realizada entre los consumidores de Amazon. Me llamó la atención que cuando le platiqué a uno de mis hijos que quería volver a escribir sobre Tolkien me dijo: – Ese sí que fue un ser humano excepcional -. Al reflexionar sobre su afirmación me di cuenta de que no nada más tuvo como talento esa inteligencia creativa que lo llevó a escribir historias maravillosas. También destacaron en él su inmenso amor a Dios, a su familia y a sus amigos.

LA FE EN TOLKIEN: Cada vez se ha profundizado más en la fe cristiana del autor y de cómo ésta estuvo reflejada en sus escritos de manera indirecta. Su madre, Mabel, se convirtió al catolicismo ya siendo viuda y eso le causó problemas con la familia protestante de su esposo fallecido. La fuerte fe de su madre dejó en Tolkien una huella imborrable y su muerte temprana (cuando él tenía 12 años) lo hizo sentir como un exiliado abandonado en una isla desierta. Gracias al Padre Francis Morgan, designado por su mamá como tutor, Ronald Tolkien recibió, junto a su hermano Hilary, una excelente formación y noble afecto. Su fe permaneció viva y pasó muchas pruebas. Nunca dejó de confiar en la gracia de Dios, a pesar de observar cómo la superficialidad, la maldad y el nihilismo se iban apoderando del mundo.

A Tolkien le preocupaba percibir la fe debilitada de sus hijos, en particular en uno de ellos, al que le daba muchos consejos en sus cartas. Me imagino lo difícil que pudo ser para él darse cuenta de que sus amigos entraban a la fe gracias a su testimonio, como es el caso del gran C.S. Lewis y, por otro lado, ver que no estaba siendo profeta en su propia tierra. Esas fueron etapas de crisis que sus hijos fueron pasando. Nunca dejó de rezar por ellos: “Ahora rezo por ustedes sin descanso, para que Dios, que es curador, corrija mis defectos y ninguno de ustedes deje nunca de exclamar: Benedictus qui venit en nomine Domini”. John, su hijo mayor, fue sacerdote y su última hija, Priscila, que murió el año pasado de 92 años, fue una mujer de piedad ejemplar.

El amor de Tolkien por la Eucaristía se descubre en sus cartas:

“Desde la oscuridad de mi vida, tan frustrada, pongo delante de ti lo que hay en la tierra digno de ser amado: el Bendito Sacramento… En Él hallarás el romance, la gloria, el honor, la fidelidad y el verdadero camino a todo lo que ames en la tierra… “

“La única cura para el debilitamiento de la fe es la Comunión. Aunque siempre es Él Mismo, perfecto y completo e inviolable, el Santísimo Sacramento no opera del todo y de una vez en ninguno de nosotros. Como el acto de fe, debe ser continuo y acrecentarse con el ejercicio. La frecuencia tiene los más altos efectos. También puedo recomendar esto como ejercicio: toma la Comunión en circunstancias que resulten adversas a tu gusto… Ve a tomar la Comunión con ellos (y reza por ellos). Será lo mismo (o aún mejor) que una misa dicha hermosamente por un hombre visiblemente virtuoso, y compartida por unas pocas personas devotas y decorosas”.

“Vivo preocupado por mis hijos: que en este mundo duro, cruel y burlón en el que sobrevivo, deben sufrir más ataques que los que yo he sufrido. Pero soy uno que ha salido de Egipto y ruego a Dios para que ninguno de los de mi simiente tenga nunca que volver allí. He sido testigo de los heroicos sufrimientos y la muerte temprana en la extrema pobreza de mi madre, que fue la que me introdujo en la Iglesia; y recibí la asombrosa caridad de Francis Morgan. Pero me enamoré del Santísimo Sacramento desde un principio… “

EL SENTIDO DE MISIÓN EN TOLKIEN COMPARTIDO CON SUS AMIGOS: En 1911, estudiando en el colegio King Edward de Birmingham, Tolkien formó, junto con sus amigos Robert Gilson, Geoffrey Smith y Christopher Wiseman, una sociedad a la que llamaron la T.C.B.S., o Club de Té y Sociedad Barroviana. Después de dejar la escuela, los miembros siguieron en contacto. En diciembre de 1914 celebraron un concilio en la casa de Wiseman, en Londres. Anteriormente sólo se habían dedicado a leer textos antiguos y a discutir ideas. Ahora se empezaron a ver como una fraternidad que podía dejar una marca de bien en el mundo. Con la guerra encima, Tolkien sintió que su grupo de amigos estaba destinado a dar testimonio de Dios y de la verdad. Por primera vez vio su escritura como un instrumento puesto en las manos de Dios. Se disculpó con sus compañeros por sonar arrogante, y les dijo que ese obrar de Dios los volvería más humildes y sencillos en la realización de grandes cosas. Dos de sus compañeros murieron durante la guerra. El tercero no era escritor. A Tolkien le quedó la tarea de trabajar para Dios y ser su instrumento con sus escritos.

La fe de Tolkien y su sentido de misión siguen actuando en nuestro tiempo. Ya pasaron 50 años desde que murió y la obra de Dios en él sigue dando fruto. Dejándose tomar por Jesús le dio la oportunidad al mundo de recibir su don como escritor, como maestro, como esposo, como padre y como amigo. Termino con unas palabras de su gran amigo C. S. Lewis: “Cuanto más nos liberemos de lo que llamamos nosotros mismos y dejemos a Cristo encargarse de nosotros, más nos convertiremos verdaderamente en nosotros mismos”.

Voces en el tiempo
Martha Moreno