Una vez, acercándose el fin del año, un señor joven me preguntó: “Padre ¿es cierto que se cumple con el diezmo colaborando con una asociación religiosa?”.

-¿Quién le dijo eso?, respondí.

-El otro día estaba platicando con un amigo y me dijo que me veía preocupado. Le conté que me estaba costando trabajo reunir el dinero que debía entregar en mi parroquia por concepto del diezmo. Entonces él me aseguró que no era necesario que entregara dinero si no tenía, que había otra forma de cumplir con el diezmo.

Su respuesta me dio esperanzas y le pregunté cuál era esa otra forma. Me dijo que podía colaborar con alguna asociación religiosa de mi preferencia y que de esa manera cumpliría con el diezmo.

-Nunca había oído eso, le dije. Pero él me lo dijo tan seguro de sí mismo, que me hizo dudar, por eso quise venir a preguntar.

-Eso no es verdad, le respondí, dar el diezmo a la Iglesia no puede suplirse con hacer apostolado en alguna asociación religiosa, porque aunque el apostolado sea muy loable, la Iglesia dice claramente en qué consiste el diezmo. El diezmo es el deber que cada cristiano tiene de ayudar, según su capacidad, a socorrer a la Iglesia en sus necesidades materiales, cumpliendo así con el Quinto Mandamiento de la Santa Madre Iglesia que dice que es deber de todo cristiano “ayudar a la Iglesia en sus necesidades”.

-Hace tiempo un compañero del trabajo me dijo que uno podía cumplir con el diezmo dando dinero directamente a alguna obra de caridad.

-Pues no, eso tampoco es verdad, le expliqué, ciertamente es muy loable dar dinero a obras de caridad, pero eso no puede suplir el deber de dar el diezmo a la Iglesia que tanto necesita para seguir cumpliendo con su misión y sus obras de apostolado y caridad.

 La Iglesia mantiene la enseñanza bíblica sobre la obligación de los fieles de contribuir generosamente con sus necesidades según sus posibilidades. El diezmo debe ser una contribución proporcional a las ganancias. Pero debe entenderse según el espíritu evangélico de una entrega de corazón, por amor. Personas con más recursos deben dar más, mientras que quienes tienen menos, den lo que puedan. Debe quedar claro que, aunque la Iglesia no fije una cuota para cada cristiano, no exime de la obligación de apoyar, al contrario, nos enseña que el cristiano debe dar a la medida de Cristo y por amor a Él, según las necesidades de la Iglesia y sus propias posibilidades. Dar es una obligación y también un privilegio, un gozo, porque es parte integral de nuestro deber de hacer todo para difundir el Reino de Dios. Aunque el diezmo en la Biblia equivalía a dar la décima parte de los ingresos, la Iglesia en la actualidad pide que los fieles donen solo un día del salario que reciben en un año, o un día de las ganancias obtenidas en un comercio o empresa. El diezmo constituye una oportunidad especial de manifestar la gratitud y el amor a la Iglesia, de quien tanto bien se recibe en obras sociales y de apostolado. Es muy importante que los fieles sepan en qué se emplea el dinero que la Iglesia reúne por concepto del diezmo: En nuestra Arquidiócesis se destina a la evangelización a través del subsidio a varias comisiones que desarrollan un trabajo pastoral y que no tienen ingresos propios, también se destina al sostenimiento de sacerdotes ancianos y jubilados, y a la construcción y dignificación de templos, sobre todo en zonas marginadas. Como hijos de la Iglesia seamos generosos con lo que Dios nos ha dado y ayudemos a nuestra Madre la Iglesia en sus necesidades.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.