Nuestra forma de ser en el mundo y la misión que Dios nos ha dado las tenemos que ir descubriendo en cada instante de nuestras vidas. Puede decirse que hay un misterio o una música escondida en cada persona que la hace ser única y necesaria en el plan divino. Hoy en día es difícil para los seres humanos aceptar su gran valor, cuyo fundamento radica en el inmenso amor de Dios, porque las voces del mundo promueven ídolos falsos, como el poder, la fama, el qué dirán, el activismo, el egoísmo, las apariencias o el confort, que desvían al hombre de lo que realmente lo hace feliz.

En relación a esa música enigmática que se escucha en el centro de nuestro ser, pero que no sabemos apreciar por nuestro enfoque exclusivo en el exterior, quiero presentarles hoy al compositor inglés: Sir Edward Elgar, quien presentó sus propios enigmas. Siempre se sintió como un extraño en su mundo por tres razones: su origen humilde, por no haber recibido educación musical formal y por haber sido católico en un país anglicano. Era como un extranjero en su propia tierra que batalló mucho para hacerse escuchar. Curiosamente, lo que lo hizo diferente a sus colegas le dio elementos para dar lo mejor de sí mismo a nivel personal y musical.

De su esposa Alice recibió siempre el mejor apoyo. Ella fue su alumna, varios años mayor que él, escritora e hija de un general. La familia de Alice se opuso a su matrimonio e incluso la desheredaron. Más adelante Alice se convirtió en su representante y tomó con amor la misión de dar al Reino Unido uno de los más grandes músicos que ha tenido. Alice escribió: “El cuidado de un genio es suficiente trabajo de por vida para cualquier mujer”. Creo que ella no era cualquier mujer sino una maravillosa mujer generosa y entregada.

Dos de las composiciones más importantes de Edward Elgar fueron:

El Sueño de Geroncio.- Inspirada en un poema del beato John Henry Newman que conmovió profundamente a Elgar por tratar sobre la muerte y la redención de un pecador. Ese oratorio, con su gran belleza, sigue siendo reconocido como uno de los mejores ejemplos de la música coral inglesa.

Las Variaciones Enigma.- Elgar dijo en una ocasión: “hay música en el aire, música alrededor de nosotros, el mundo está lleno de ella y simplemente tomas la que necesitas”. Eso es lo que le ocurrió al escribir sus Variaciones Enigma. De manera espontánea, encontrándose con su esposa, empezó una obra que le pareció estar retratando a sus amigos. Tomó esa música de su alrededor para representar lo que él detectaba como cualidades especiales en sus amigos y la presentó casi como un homenaje. Como le gustaban los acertijos, incluyó en todas esas variaciones un tema escondido que tenía que ser descubierto con el tiempo. Ese famoso enigma dio lugar a muchas interpretaciones y discusiones que dieron reconocimiento a la creatividad de su autor.

Elgar fue elevado a la categoría de caballero por la Corona Inglesa. En sus últimos años puede decirse que pasó de moda porque llegaron otros estilos musicales que lo opacaron. Después de su muerte volvió a resurgir su música como parte del mejor repertorio que Inglaterra ha ofrecido al mundo.

Sir Edward Elgar nos da ejemplo de cómo vivir algunas virtudes: a) Fe.- Al haber sido un hombre de fe católica firme que no tuvo miedo de ser fiel a sus creencias, a pesar de vivir en un país que se oponía a ellas. b) Humildad y esfuerzo.- Por haber buscado siempre superarse y entregar su talento en situaciones que incluyeron humillaciones. c) Paciencia.- Supo esperar los frutos de su trabajo. Tenía cuarenta años cuando alcanzó el éxito. d) Vida al servicio de su familia y amigos.- Ellos fueron para él una fuente de inspiración y aprendizaje. e) Espíritu apostólico.- Se reflejó en su música compuesta para Dios.

Las Variaciones Enigma de Elgar me invitan a estudiar el enigma de mi ser, en el que Dios tiene un proyecto, que debo seguir descubriendo para vivirlo en ofrecimiento. Esa música escondida, cuando hay un corazón dispuesto, siempre encuentra la forma de ser escuchada y recibida para generar ambientes de paz y unidad.

Aprendamos a escuchar nuestra música interior de la forma como Elgar lo hizo. Sus palabras expresaron su alto grado de percepción: “Los árboles están cantando mi música, ¿o he cantado yo la suya?”

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO