La Dama y el Unicornio es el nombre general que recibieron unos tapices del siglo XV que se encuentran en el Museo de la Edad Media, antes conocido como Museo de Cluny, en la ciudad de Paris. Son una representación, envuelta en misterio, de los dones con los que cuenta el ser humano para conocer el mundo y la naturaleza, es decir, los cinco sentidos: la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. Existe un sexto tapiz en el que una frase se destaca: Mon seul desire (mi único deseo), que habla del don más alto al que se debe aspirar: el deseo de la trascendencia, de llegar a Dios por la vía interior. Una dama elegantemente vestida aparece siempre acompañada de un unicornio como símbolo de pureza. Plantas, flores y animales adornan estas imágenes cargadas de mensajes y enigmas.
Me encantan estos tapices porque transmiten serenidad e invitan a la reflexión sobre el sentido de vida en relación a saber dar gracias. Cada paisaje que rodea a un sentido es como una alabanza. Y más allá de esos sentidos está precisamente la capacidad de entrar en nuestro interior para abrirnos al infinito. Si queremos agradecer desde el corazón, que es nuestro centro, tenemos primero que ser capaces de percibir y asombrarnos por todas las bondades que nos rodean. Muchas veces no nos permitimos ver lo bueno y bello porque estamos muy ocupados o apurados.
Si lográramos hacer de nuestra vida un acto de agradecimiento por los dones recibidos, lograríamos transformar nuestra realidad que necesita ser vista con nuevos ojos. Una forma poética de compartir con su prójimo lo más valioso que le llegó como regalo a su vida es el “Otro Poema de los Dones” de Jorge Luis Borges. Es una acción de gracias a Dios por una serie de elementos, sentimientos, lugares, palabras, instantes y acontecimientos. De esa lista puedo destacar lo que a mí me fascinó:
Gracias quiero dar al divino
laberinto de los efectos y de las causas
por la diversidad de las criaturas
que forman este singular universo…
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad…
por el misterio de la rosa que prodiga color y no lo ve…
por el arte de la amistad..
por las palabras que en un crepúsculo se dijeron de una cruz a otra cruz,,,
por los ríos secretos e inmemoriales que convergen en mí…
por el valor y la felicidad de los otros,
por la patria, sentida en los jazmines…
por el hecho de que el poema es inagotable y se confunde con la suma de las criaturas y no llegará jamás al último verso y varía según los hombres…
por los íntimos dones que no enumero,
por la música, misteriosa forma del tiempo.
Giovanni Papini escribió que los artistas, en especial los poetas, son instrumentos indirectos de Dios aunque ellos no lo acepten o reconozcan. Y normalmente terminan viéndolo y entregándose. Creo que eso es lo que le pasó a Jorge Luis Borges, quien en diferentes momentos se declaró ateo y agnóstico, pero que terminó su vida pronunciando el Padre Nuestro. Siempre cumplió la petición de su madre de rezar todas las noches a pesar de sus dudas. El amor y deseo de Dios se percibe en varias de sus obras.
En otro de los versos del poema citado, Borges también da gracias por: “Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema”. Definitivamente el Cántico de las Criaturas de San Francisco es una preciosa forma de dar gracias y gloria a Dios por todas las maravillas de su creación.
Y nosotros, ¿cómo podemos alabar y dar gracias a Dios? ¿Qué dones debemos reconocer que quizá no hemos descubierto o valorado todavía? ¿Qué nos hace tan felices que sería bueno agradecer y compartir? Hay personas que pueden expresarse mediante una imagen o tapiz, otros lo hacen con un poema o mediante cánticos. ¿Cuál sería nuestra forma especial de agradecer todos los dones que gratuitamente se nos han concedido?
VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO
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