El 3 de mayo celebramos el día de la Santa Cruz. En honor a Jesús que, desde la Cruz, nos regaló la salvación, les comparto tres diferentes encuentros con la Cruz:

  1. Angelus Silesius, poeta místico alemán del siglo XVII, se convirtió al catolicismo en el año 1661. Fue ordenado sacerdote y nombrado consejero del Obispo de Breslavia. Sus versos reflejan los temas que movieron su corazón: la eternidad, la unión entre Dios y el hombre, el abandono y el misterio de Dios. Ejemplos de su visión de la Cruz son los siguientes epigramas de su obra El Peregrino Querubínico:

“39. Libro tercero: El mejor sitio, bajo la cruz.

La sangre que rezuma de su laceración Nuestro Señor, es su rocío de amor con que nos empapa. Si quieres ser humedecido y florecer imperecedero, no debes apartarte jamás de su cruz.

  1. Libro cuarto: La cruz revela lo que permanecía oculto.

En seguridad y dulzura no te conoces a ti mismo, cristiano; la Cruz te muestra quién eres dentro tuyo”.

  1. Thomas Merton, monje trapense del siglo XX, publicó muchas obras, entre las que destaca la Montaña de los Siete Círculos. En su poesía encontré este diálogo con la Cruz de Jesús:

“Oh Cruz, más espléndida que las estrellas,

gloriosa para el mundo,

tan digna de amor para los hombres,

más sagrada que todas las cosas;

tú sola fuiste digna de pesar el oro

del rescate del mundo.

Dulce árbol, amados clavos,

que sostienen la carga de amor,

sálvanos a los que hoy nos hemos reunido aquí

en coros para alabarte.

¡Aleluya, aleluya, aleluya!”

  1. Mi encuentro con la Santa Cruz lo plasmo en el siguiente poema:

RECIBIR LA CRUZ

Recibir la cruz en un suspiro

que trasciende al tiempo en torbellino

es romper los muros en un giro

salvador de un mundo sometido.

 

Absorber la cruz como mi Cristo

es captar la luz mientras camino

por las sendas suaves del abrigo

de una Madre Santa en quien me inspiro.

 

Escribir la cruz es mi destino

como viaje audaz al Padre amigo

que, en su Voluntad, me vuelve nido

del amor veraz de un peregrino.

 

Recibir la cruz me vuelve río

con un cauce rico en agua y lirio

que, en unión de vientos y espejismos,

desemboca a un mar de tiernos himnos.

 

¿Qué hacer con la cruz en este siglo

que cambia la paz por el vacío?

Busco ocultos santos y testigos

en la soledad de un cielo antiguo.

 

Te quiero, Oh Cruz, en cada libro,

en cada encuentro, en cada motivo,

en cada dolor, en cada olivo,

en cada plegaria, en cada hijo.

 

Voces en el tiempo

Martha Moreno