El arte es un canal muy efectivo que nos puede llevar a Dios como parte de la vía de la belleza. Tanto al sentir la emoción que nos produce un poema que mueve las fibras de nuestra alma, como cuando observamos una pintura que nos lleva a otra dimensión, o escuchamos música que nos eleva, nos podemos dar cuenta de que eso que llega a nuestro corazón surge de nuestro deseo de infinito que está inscrito en el centro de nuestro ser. El arte que surge de la fe nos despierta esa nostalgia de Dios que nos llama a buscarlo en la belleza, la verdad, la bondad y la unidad.

Joseph Ratzinger, tiempo antes de convertirse en el Papa Benedicto XVI, afirmó que el arte y los santos son los mejores apologistas de nuestra fe. ¿Cómo el arte y los santos defienden nuestra fe? La defienden y la impulsan porque todas nuestras facultades se ven superadas, y nuestro corazón se derrite al ver ejemplos de verdadera belleza y de extraordinaria bondad. La belleza del arte y la bondad vista en acción nos invitan a querer ser parte de lo que irradian, nos dan esperanza y nos preparan para un encuentro con la Verdad que es Dios.

El Papa Benedicto XVI, en la audiencia del 31 de agosto del año 2011, trató el tema del arte expresando que éste era “capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifestando la sed y la búsqueda de infinito. Más aún, es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, impulsándonos hacia lo alto”. Su manera de referirse al arte propiamente religioso como camino de oración y de acercamiento a Dios me conmovió, y me hizo reflexionar en todas las oportunidades que se nos presentan en nuestra vida de conocer estas expresiones artísticas que nacen de una fe bien vivida y de momentos muy especiales de unión con Dios. Los ejemplos que utilizó me parecieron muy claros y verdaderamente atractivos: las catedrales góticas, las pinturas de Chagall, la música de Bach y los escritos de Paul Claudel. La conversión de Paul Claudel surgió cuando escuchó el canto del Magnificat en una misa de Navidad,  en Notre Dame de Paris.  Claudel había entrado a la catedral para encontrar argumentos contra los cristianos, y todo su mundo ateo se colapsó tras experimentar la presencia de Dios.

El escritor norteamericano Rod Dreher, en su libro La Opción Benedictina, una estrategia para cristianos en una nación post-cristiana, cita también a Benedicto XVI cuando hace referencia a la importancia de evangelizar mediante la belleza y la bondad. Dreher platica cómo nada lo preparó para el momento de belleza que lo sacudió cuando visitó la Catedral de Chartres, en Francia. Entró como un agnóstico y salió sintiéndose parte de la tradición cristiana que construyó ese templo magnífico para Dios. Este autor, ante una sociedad totalmente secularizada y una cultura que rechaza cada vez más los valores cristianos, propone una resistencia creativa basada en la Regla de San Benito, donde los principios de orden, hospitalidad, estabilidad y oración puedan resurgir en las familias y pequeñas comunidades brindando una nueva oportunidad a la humanidad.

Esta labor de dirigir la mirada hacia lo bello del arte que nos conduce a Dios, y de la maravilla de los sencillos actos de amor, debe iniciar en la familia. ¿Y qué sucede si cada vez son menos las familias que están viviendo la esencia del Evangelio? Eso no nos debe desanimar. San Benito inició también con muy pocos monjes, pero esos monjes revolucionaron el mundo de su época. En nuestra sociedad masificada debemos seguir resistiendo la cultura actual de hedonismo, relativismo y muerte, tomando en cuenta la frase de Heráclito, pensador griego: “Uno sólo es para mí como diez mil, si es el mejor”. ¿Y cómo ser los mejores? Haciendo el esfuerzo por vivir realmente nuestro cristianismo como nos enseñó Jesús, pero sobre todo orando y confiando en Él, porque solos no somos capaces. Podemos partir de esa contemplación de la belleza que nos ayudará a entrar en el camino de la oración como clave que nos ayudará a renovar un mundo que suspira por Dios sin saberlo ni reconocerlo.

Martha Moreno
Voces en el Tiempo