La imagen que acompaña este artículo es del pintor Georges Rouault: Otoño en Nazaret. Está en los Museos Vaticanos y me invita a pensar en vidas de abandono en Dios: Entrar en la vida de Cristo en Nazaret implica soltar ataduras, temores, egoísmo y metas temporales, para ir más allá en la entrega y permitir a Dios actuar en la persona. Seguramente Él hará mucho más bien que lo que un ser humano puede hacer solo.

Durante la pandemia encontré una novena de abandono que me ayudó mucho. Es la famosa novena del Padre Ruotolo, en la que te ofreces a Jesús y le pides que Él se ocupe de todos tus asuntos. Les pasé la novena a mis amigas y les gustó tanto que la siguen rezando y compartiendo. El Padre Dolindo Ruotolo, siervo de Dios, vivió su vida en Nápoles, Italia y su santidad dejó huella. Cuando al Padre Pío le llegaban peregrinos de Nápoles, él les preguntaba que porqué iba a verlo a él, si ya tenían en su ciudad al Padre Ruotolo. Para el Padre Pío, este sacerdote era un verdadero santo y a él mismo le dijo que el paraíso vivía en él. El Padre Dolindo, que vivía en continuo ofrecimiento como alma víctima, decía que un solo acto de abandono valía más que muchas oraciones y siempre invitaba a los fieles a vivir mirando a Jesús.

Un segundo ejemplo de vida de abandono en Dios fue la de Severino Boecio. Yo leí su obra principal, La Consolación de la Filosofía, cuando estudiaba la carrera de Derecho. Escribió sobre muchos temas, como lógica, matemáticas, astronomía y teología cristiana. Nunca supe en ese tiempo que él era reconocido como santo y mártir. Boecio nació en el año 480 d.C. en una familia muy prominente de Roma. Era hijo de un antiguo cónsul. Fue consejero de Teodorico el Grande y filósofo. Tenía todo lo que cualquier persona de su tiempo pudiera desear, pero le fue arrebatado al interceder por un hombre inocente. Fue arrestado, torturado y ejecutado. En la cárcel escribió su famoso libro en el que reflejó su abandono total en Dios.

El Papa emérito Benedicto XVI escribió lo siguiente sobre Boecio: “Precisamente a causa de su dramática muerte, Boecio puede hablar por experiencia también al hombre contemporáneo y sobre todo a las numerosísimas personas que sufren su misma suerte a causa de la injusticia… Con esta obra, en la cárcel, busca consuelo, busca luz, busca sabiduría. Y dice que, precisamente en esa situación, ha sabido distinguir entre los bienes aparentes y los bienes verdaderos, como la amistad auténtica, que en la cárcel no desaparecen. El bien más elevado es Dios. Boecio aprendió, y nos enseña a nosotros, a no caer en el fatalismo, que apaga la esperanza. Nos enseña que no gobierna el hado, sino la Providencia, la cual tiene un rostro. Con la Providencia se puede hablar, porque la Providencia es Dios. De ese modo, incluso en la cárcel, le queda la posibilidad de la oración, del diálogo con Aquel que nos salva… La filosofía, en el sentido de la búsqueda de la verdadera sabiduría es, según Boecio, la verdadera medicina del alma (Libro I). Por otra parte, el hombre sólo puede experimentar la auténtica felicidad en la propia interioridad (Libro II) … En la cárcel escribe: “Luchen, por tanto, contra los vicios, dedíquense a su vida de virtud orientada por la esperanza que eleva el corazón hasta alcanzar el cielo con las oraciones alimentadas por la humildad”. (Libro V)

Pensando en las enseñanzas que nos dejó San Severino Boecio, le dedico unas palabras de consuelo y agradecimiento:

A BOECIO, EN CONSOLACIÓN

¿Qué descubrimientos nos regalas, amigo Boecio, en esto tiempos tan difíciles?

  1. El consuelo que encontraste en Dios, Divina Providencia, a quien te entregaste sin dudar.
  2. Tu deseo de ayudar siempre, incluso en el tiempo en el que tú estabas encerrado en una prisión por ayudar a un inocente.
  3. Tu ejemplo de vida de trabajo, estudio y preparación.
  4. Tu fortaleza ante la injusticia: te quitaron todas tus posesiones, honor y fama. Te encarcelaron, torturaron y finalmente ejecutaron. En lugar de quejarte, te convertiste en consuelo para otros y descubriste el sentido del sufrimiento para abandonarte totalmente en Dios.
  5. Descubriste en la Dama Filosofía a una gran compañera de vida. Ella te recomendó desapegarte de las preocupaciones del mundo y centrar tu atención en el bien supremo: Dios, Creador de todas las cosas.
  6. El mensaje de que la paz y el equilibrio no dependen de las cosas o situaciones exteriores.
  7. Muchas gracias, querido San Boecio, por dejar tu voz escrita para que muchas generaciones puedan seguir aprendiendo de ti y de tu encuentro con la Voz más grande: la Voz de Dios. Gracias por darle un lugar tan especial a la filosofía como fuente de verdadero saber y no como instigadora de ideologías. Gracias por convertirte tú mismo en consuelo y eso nadie te lo quitará. Gracias por ser fiel a tus principios y defender al inocente de todos los tiempos.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO