“En la era de internet, donde el espacio y el tiempo son suplantados por el aquí y el ahora, la paciencia resulta extraña. Si aún fuésemos capaces de contemplar la creación con asombro, comprenderíamos cuán esencial es la paciencia”: Estas palabras son del Papa Francisco y forman parte del contenido de la Bula Spes non confundit de convocación del jubileo ordinario de nuestro año 2025. En la actualidad, todo se quiere rápido, sin esfuerzo, sin compromiso y buscando resolver los dilemas de la vida sin esperar los tiempos necesarios. Como consecuencia de nuestras prisas, el mundo se ha vuelto intolerante, ansioso, utilitario y violento. Nadie quiere esperar y paradójicamente, se desperdicia mucho tiempo en las redes.
El Papa Francisco nos invita a redescubrir la paciencia para poder mantener viva la esperanza. Sólo la persona paciente puede entrar en un tiempo salvífico sin ser esclava de exigencias externas o del reloj. La paciencia nos abre espacio para ver a nuestro prójimo. El escritor Henri Nouwen escribió que: “No es difícil reconocer a la gente paciente. En su presencia nos ocurre algo verdaderamente profundo. Nos sacan de nuestra inquietud ansiosa y nos llevan con ellos a la plenitud del tiempo de Dios. En su presencia sentimos lo mucho que somos amados, aceptados y cuidados. La multitud de cosas, grandes y pequeñas, que nos llenaban de ansiedad, parecen perder de golpe su poder sobre nosotros y reconocemos que todo cuanto realmente anhelamos está aconteciendo en ese momento único de compasión”.
Cultivando la disciplina de la paciencia podemos entrar en la compasión y vivir cada etapa de nuestras vidas con gozo, sin carreras y sin saltarnos lo importante para atender lo urgente o instintivo. Ejemplos poderosos de paciencia los encuentro en San Carlos de Foucauld, que esperaba la llegada de sacerdotes al desierto para que lo acompañaran en su misión con los Tuaregs; en Santa Mónica, cumpliendo su misión de madre y confiando en que llegaría el momento de la conversión de su hijo Agustín y en el Cardenal Van Thuan, quien permaneció 13 años en una cárcel. Su paciencia implicó entrar activamente en todo lo que ocurría a su alrededor, prestar atención y ser tierra fértil para que muchas semillas dieran fruto.
Demos hospitalidad a la paciencia en nuestras vidas y en nuestra oración. Con profunda admiración por San Francisco de Asís, quien con ojos sencillos y compasivos fue un maestro de paciencia, les comparto este poema:
QUIETUD
Ondas peregrinas en un bosque silencioso
donde todo avanza, pero reina la quietud,
ondas que suavizan elementos misteriosos
dando a cada hoja la perfecta juventud.
Piedras que despiertan a la vida más secreta,
aisladas del tumulto y de vientos de inquietud;
piedras indecisas ante un mundo de sorpresas
vengan con paciencia al festín de la actitud.
Cielos nos contemplan con letreros de sonrisas,
pacientes a la espera del canto del laúd,
miradas traviesas de ángeles que sueñan
con estos espacios abrazados de virtud.
Ondas sucesivas, fieles ondas expansivas
que, en compasión, comparten eterna plenitud:
tierno movimiento, el más astuto entrenamiento,
contemplación que nutre el camino de Emaús.
Voces en el tiempo. Martha Moreno
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