Volviendo a leer uno de mis libros favoritos, Radiaciones de Ernst Jünger, me topé con una invitación a reflexionar sobre la búsqueda de posibles acciones para recuperar la esperanza y combatir las enfermedades espirituales de nuestro tiempo. La frase dice así: “Los seres humanos albergan todavía muchas semillas que pueden volver a germinar tan pronto como se tornen más suaves las condiciones atmosféricas y recuperen temperaturas humanas”. Al descomponer la oración en sus elementos surgieron en mí tres preguntas para profundizar y presentárselas a Dios:

  1. ¿Qué semillas han dejado de germinar y necesitan volver a hacerlo? A simple vista son difíciles de encontrar las semillas de compasión, alegría del corazón, entrega sin interés, búsqueda sincera de la Verdad y conciencia despierta a la contemplación en el presente. En el hombre ya no germinan esas semillas tan valiosas porque, al haber adoptado ideologías meramente terrenas, se ha olvidado de quién es y su papel en el universo.
  2. ¿Cuáles son las condiciones atmosféricas actuales del mundo en relación al ser humano? Si tomamos en cuenta que las condiciones atmosféricas se refieren a periodos de precipitación (lluvia), nubosidad, vientos, presión atmosférica, temperatura y humedad, podemos encontrar que el hombre de hoy vive empapado en una lluvia de tecnología que no lo deja razonar; está envuelto en ráfagas de manipulación y consumismo que le impiden descubrir su propio ser amado por Dios y destinado a la trascendencia; se ve cubierto por nubes negras que lo llenan de miedo y lo deprimen cuando capta que no tiene claro el sentido de su vida; y, por último, es arrastrado por un ciclón de antivalores que lo inundan de violencia, corrupción y egoísmo.
  3. ¿Qué temperaturas prevalecen en el hombre del siglo XXI? Es de llamar la atención que, si se observan los comportamientos y actitudes de las personas, se descubren dos tipos de temperaturas. Se pueden ver individuos con temperaturas muy altas o calientes, que permanecen enojados, angustiados, obstinados en sus propias ideas o con fiebre de resentimiento. Han decidido dejarse dominar por sus pasiones y responder con impulsos. Por otro lado, se encuentran los caracteres fríos que viven en estados de indiferencia, dureza, distracción, confusión o desconexión. Ya nada los asombra, los mueve o los saca de su zona de confort y desilusión. Se dejan llevar por tendencias o por expectativas de su ambiente.

¿Cómo recuperar temperaturas humanas en condiciones atmosféricas favorables que permitan el resurgimiento de la esencia humana que creó Dios para darle gloria y llegar a plenitud en el amor? Te propongo cuatro herramientas muy útiles para devolver la esperanza tan necesaria, hacer crecer el corazón y propiciar ambientes de suavidad y equilibrio:

1.- Silencio y atención.- Escuchemos unas palabras del monje trapense Thomas Merton (Conjeturas de un espectador culpable) que muestran los efectos que surgen al dedicar momentos especiales al silencio y a la atención: “El amanecer es un acontecimiento que despierta solemne música en las profundidades de la naturaleza del hombre, como si todo nuestro ser hubiera de atemperarse al cosmos y alabar a Dios por el nuevo día, alabarle en nombre de todas las criaturas que ha habido y habrá. Miro el sol naciente y siento que ahora cae sobre mí la responsabilidad de ver lo que han visto todos mis antepasados, en la Edad de Piedra y aun antes, alabando a Dios antes que yo…”

2.- Oración.– Un ejemplo profundo de oración lo encontramos en las alabanzas de San Rafael Arnáiz, también monje trapense: “¡Qué grande es Dios! Esta es la primera exclamación que sale de un corazón de veras enamorado de Él, cuando a la vista del mundo exterior que rodea al monje, contempla las maravillas de la creación. ¡Qué grande es Dios! Vuelve a exclamar cuando, cerrando los ojos a todo lo que es criatura, a todo lo que es externo, reconcentra la vista en su propia alma, le busca en su corazón y se retira al silencio…”

3.- Apreciación de dones para entregarlos a Dios y al prójimo.- Mediante el silencio, la atención y la oración, la persona se vuelve capaz de descubrir la voluntad de Dios y los regalos específicos recibidos para entregar en servicio al mundo. El arquitecto Gaudí destacó la importancia de los talentos: “Que cada uno haga servir el don que Dios le ha dado; la realización de esto es la máxima perfección social.”

4.- Amistad en comunidad.- Tanto la donación incondicional que se da en la amistad como el sentido de pertenencia a una comunidad son movimientos muy importantes del alma que ayudan a equilibrar temperaturas y sanar heridas. El abrazar la amistad nos da la oportunidad de aportar y recibir parte de la suavidad que necesita la humanidad. En el libro Simone Weil, Amistad Pura se refleja el pensamiento de esta filósofa: “La amistad debe ser una alegría gratuita, como la que da el arte o la vida… Ella pertenece al orden de la gracia. Está entre las cosas que son dadas por añadidura… La amistad no se busca, no se sueña, no se desea; se practica (es una virtud)… Es un milagro como la belleza”.

Una simple frase, como la que mencioné de Jünger, puede producir mucho fruto. Hagamos germinar todas las semillas que están dormidas en nosotros y en las personas que están cerca de nosotros con los nutrientes del silencio, atención, oración, apreciación de dones y amistad.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO