¿Cómo encontrar un antídoto contra la indiferencia que impera en nuestros ambientes como una enfermedad que impide que nuestra sociedad crezca en humanidad? Primero habría que despertar la conciencia, para después pasar a la acción compasiva y de hospitalidad ante un mundo herido que necesita aprender el verdadero sentido de la libertad.
Contra indiferencia: Van Gogh…
Paisajes, música y misterio,
despertar sentidos, sacudir el alma,
caer hasta el fondo de las cimas del confort;
truenos y relámpagos,
amistad pura, cielo estrellado,
milagros de luna y de sol.
Contra indiferencia: oración y encuentro,
ministerio de testigos
más no de pseudoexpertos que aterrizan en desilusión;
melodías de ángeles y aves
que enriquecen los amaneceres del verano;
lecturas que interpelan a la razón
con himnos envueltos en elevado asombro.
Contra indiferencia: Van Gogh,
Beethoven, Nouwen, Rilke, Plotino,
Tolkien, Bloy, Pascal y Rouault.
Para despertar: Teilhard,
Simone Weil, Jünger, Saint Exupery,
sin faltar Raissa y el hermano Rafael
de la mano de Teresita y Carlos de Foucauld.
Contra indiferencia: navegar el Moldava
con el traje de Smetana sin juicios ni temor;
acompañar a Rodin en la creación de su Pensador
con la misión de donarle un corazón;
entrar con Grieg en la Sala del Rey de la Montaña
para ser derretidos en el calor
de las llamas que alivian todo dolor.
Contra indiferencia: ayuno
de redes, influencers, falacias e ironías,
para dar entrada a la simplicidad del día,
de los segundos y la esperanza
en un juego receptivo de cantos…
Y así, en renovación vital, aprender a vibrar
con nueva sed y hambre de amor.
Los invito a admirar el arte de Van Gogh, Rodin y Rouault; la música de Beethoven, Smetana y Grieg; los escritos de Nouwen, Rilke, Tolkien, Bloy, Saint Exupery, Simone Weil y Raissa Maritain; la filosofía de Plotino y Pascal; y la santidad del hermano Rafael Arnáiz, Teresita de Lisieux y el beato Carlos de Foucauld.
Voces en el Tiempo. Martha Moreno
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