“Ven a mi casa esta Navidad” es una canción muy linda que en particular me llega al alma cuando la escucho en el piano de mi papá. Esta Navidad es diferente. Muchos no podrán ir a casa esta Navidad y muchos, permaneciendo en casa, estarán enfermos, solos o viviendo un duelo.

Ciertamente es una Navidad distinta pero quizá es másparecida a lo que vivieron María y José cuando no pudieron estar con sus familias de origen por ir a empadronarse y luego, sin encontrar posada, tuvieron que conformarse con un pobre lugar para recibir a su hijo, el Hijo de Dios que vino a salvarnos. Me pongo a pensar en Santa Ana, mamá de la Virgen. ¿No habrá querido estar con su hija para ayudarla?

Fue en esa soledad, sin familia extendida, donde nació Jesús, contando con invitados especiales como fueron los pastores y los magos, desconocidos para María y José, pero elegidos por Dios para ese instante que sigue moviendo al universo.

Les comparto unas cartas de Navidad que escribieron tres grandes hombres de Dios cuando se encontraban lejos de sus familias siguiendo su vocación. Nos pueden dar consuelo y ayudar a entender el verdadero sentido de este tiempo de gracia.

1.- Carta del beato Carlos de Foucauld a su hermana. Él se encontraba en Jerusalén de misión. Años más tarde se iría a vivir con los Tuaregs en Argelia:

17 diciembre 1898

“Felices Navidades y año Nuevo, querida mía, a ti y a tus hijos. Pediré lo mejor que pueda al Niño Jesús por todos vosotros en esta hermosa noche de Navidad… ¿Te acuerdas de las Navidades de nuestra infancia?

Confío que harás a tus hijos un nacimiento y un árbol… son dulces recuerdos que se tienen durante toda la vida… ¡Todo lo que conduce a amar a Jesús, todo lo que hace amar el hogar paterno es tan saludable…! Estos goces de la infancia, en donde en la religión se une lo que hay en ella de más dulce con lo que tiene mayor ternura en la vida de familia, causa un bien que dura hasta la vejez…

Pero habrá Navidades más hermosas todavía: serán las del cielo… Prepara a tus hijos un buen regalo de Navidad en el cielo, santificándote lo más posible y educándoles para ser santos…”

2.- Carta de San Rafael Arnáiz a su tía María, Duquesa de Maqueda, desde Oviedo, España. El hermano Rafael era feliz en su trapa por su vocación contemplativa. En ocasiones tuvo que salir de ella por enfermedad:

24 de diciembre 1935

“Hoy no te puedo decir nada… No sé más que esperar… ¡Qué grande es el Señor, hermanilla! Dentro de pocas horas tendremos a ese Dios hecho Niño…, y lo tendremos con nosotros… Estoy más contento…

Cuando llegue mi carta, el Señor estará ya en el mundo.¿Qué haremos? Adorarle y llorar de alegría. Viene por ti, por mí, nos busca, nos mira. La Virgen María nos lo ofrece… ¡Cuánta ternura tiene esta divina Madre!

Yo no sé qué decirte; nada se me ocurre… Quisiera estar en el cielo entonando el gloria con los ángeles y los santos. Mi cuerpo está aquí…, mi alma está muy lejos… ¡Ah! Hermanilla, cuántas cosas le vamos a decir esta noche al Niño… Vamos a ofrecerle, no incienso y mirra, sino nuestro corazón entero, sin reservas… El misterio del Portal lo ocupa todo”.

3.- Carta de Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo y sacerdote jesuita, a su prima Margarita, en el tiempo que le tocó estar en el frente como camillero, durante la SegundaGuerra Mundial.

24 de diciembre 1915

Querida Marg,

“Os tengo presente a ti y al Instituto en la víspera de Navidad. A petición de los oficiales y de los hombres, esta noche diré una Misa en la capilla de la aldea, muy bellamente adornada… Dos tartas de manzana hábilmente confeccionadas esperan en la sala vecina el momento de exhibirse en la cena. ¿Qué más es preciso para olvidar por algunos instantes la guerra y las trincheras…? Desde mi punto de vista, he aprovechado apresuradamente en esta Navidad no tan  religiosa la ocasión de colocarme abiertamente como sacerdote ante los oficiales, con la mayoría de los cuales no he tenido hasta ahora ningún contacto, pero que indudablemente se establecerá esta noche en la mesa del comandante. Pide para que sobre estos hombres, a muchos de los cuales con toda probabilidad veré morir, consiga y ejerza una santa influencia.

No insisto en decirte que tu recuerdo estará presente en mis mejores oraciones. Que Nuestro Señor, concebido como único elemento y única conquista necesaria y suficiente para la vida, crezca en tu corazón… Dios lo es todo. Orientándonos cada vez más íntegra y lealmente hacia Él, tendiendo hacia Él con todas nuestras fuerzas, agotamos sin desperdicio todas las energías útiles de nuestro ser; nos aproximamos a Él sin error y sin peligro de perder a los que amamos; nos hacemos aptos para realizar el bien a nuestro alrededor, para irradiar la paz y el bien”.

Estemos en casa o estemos fuera, que la ternura del niño Jesús que nace esta Navidad nos mueva a una nueva humanidad en alabanza a Dios y ayuda al hermano. Y pidámosle que venga a nuestra casa, a nuestro corazón, donde lo estamos esperando.

VOCES EN EL TIEMPO. MARTHA MORENO.