Querido amigo:

Habiendo aprendido de ti el valor de la amistad fuera del tiempo, hoy te escribo esta carta en agradecimiento por tus aportaciones al mundo de las letras y al mundo del espíritu. El universo se vio enriquecido por la verdadera razón de tu existencia: tú siempre escribiste para Dios en un continuo ofrecimiento por las almas que te leían en el momento de tu vida en la tierra, y por las que se verían envueltas por la sabiduría de tus palabras en años y siglos posteriores.

Fuiste un gran escritor que dejó huella. Naciste en Périgueaux, Francia, en el año de 1846. A pesar de tu talento fuera de serie, que te pudo ofrecer recursos y privilegios, preferiste y amaste la pobreza de la misma manera que lo hizo San Francisco de Asís. Los que te conocían decían que eras un hombre de la Edad Media porque verdaderamente centrabas tu vida en Dios, a pesar del ambiente secularizado y contrario a la Iglesia Católica que predominaba en Francia.

El ambiente actual que vivimos, cargado de incertidumbres, apegos, y muerte espiritual, necesita conocerte. Ya no existen personas como tú, o si las hay, deben estar muy escondidas. ¿Cómo podría resumir todo lo que dejaste en tus hijos espirituales, tus contribuciones a la humanidad, de forma tal que, a pesar de las barreras del tiempo, te permita seguir moviendo corazones a salir de su sonambulismo para entrar en un cristianismo auténtico y comprometido?

El próximo 3 de noviembre se cumplirán 100 años de tu muerte. Pensando en tu aniversario, ¡cómo me gustaría celebrar tu vida e invitarte a mi casa! Tú siempre viviste la hospitalidad de maneras tan increíbles que el que entraba a visitarte salía transformado en una nueva persona con verdaderos deseos de ser mejor. Pudiera escribir una lista de todos aquellos hombres y mujeres que entraron a tu hogar como ateos, agnósticos, perdidos en vidas sin sentido, y que salieron convertidos, revolucionando la Iglesia, el arte e incluso la ciencia. ¡Qué maravilloso sería que hoy pudieras sentarte a cenar con mi familia y amigos, para que a todos nos dieras tu visión de lo que es realmente la vida, el sentido del sufrimiento, el misterio de la Comunión de los Santos, y el por qué hay que revelarnos contra el aburguesamiento y el rechazo del mundo espiritual.

¿Por qué has sido y sigues siendo importante para mí?

  1. Porque al hablar de las misiones de personajes de la historia como Cristóbal Colón, Juana de Arco o Napoleón, me hiciste ver que cada ser humano tiene un camino trazado por Dios, que es necesario identificar y que, en diferentes formas, tocará al mundo aunque sea en mínimos aspectos, pero no por eso menos importantes. Escribiste que todas las personas tenemos tres nombres: el de nuestra actas de nacimiento, el de nuestro bautismo y el nombre que descubriremos al morir, que Dios nos dio con gran amor en razón al objetivo de nuestro paso por la vida.
  2. Porque fuiste el mejor padrino. Creaste una familia espiritual de gran trascendencia en el humanismo, la filosofía, las artes y la religión. Tu oración y tu fe eran tan fuertes que generabas una atracción inmensa hacia el encuentro con Cristo. Jacques y Raissa Maritain, fundadores del humanismo cristiano y que hicieron resurgir el tomismo (Sto. Tomás de Aquino) en el siglo XX, fueron tus ahijados. También fue tu ahijado el escritor Van Der Meer. Él, en su ateísmo inicial, siempre reconoció una necesidad fuerte de Dios que pudo descubrir más adelante gracias a ti.
  3. Tu amor por la Virgen María te llevó a ser apóstol de la Salette. “La Virgen que llora” dejó un mensaje de invitación a la conversión que siempre propagaste hasta el último de tus días. En los dolores de María encontraste la fuerza ante tus propios sufrimientos y la valentía para ofrecerte como mendigo ingrato que suspiró siempre por Dios, como peregrino del Absoluto, como rescate por muchas almas muertas en vida.
  4. Tu frase: “No hay mayor tristeza que la de no ser santos” reflejó tu profunda humildad y reconocimiento de la gran lucha de tu vida. Para muchos fuiste un hombre duro de convicciones y crítico ferviente de una sociedad e instituciones envueltas en el vicio y en la apatía. En cierta forma fuiste profeta porque denunciaste las imperfecciones de tu siglo en una búsqueda de retorno a la Casa del Padre, y anunciaste lo que vendría como consecuencia de hacer a un lado a Dios.
  5. En tus diarios te mostraste auténtico, claro y seguro de tu vocación y destino. La Pasión de Jesús te conducía. Recomendaste la vida de tus santos preferidos como ejemplos a seguir: Santa Catalina Emmerick, Santa Ángela de Foligno, Maria de Jesús Agreda, San José de Cupertino, San Benito José Labré, San Francisco de Asís…

Pudiera seguir mencionando cualidades y enseñanzas que hicieron que grandes escritores, como Borges, Jünger, Claudel y Bernanos, te respetaran tanto. Por hoy termino esta carta orando por ti, pidiéndole a Dios que sigas actuando en muchas almas y que sigas invitando a nuestro mundo a pasar por “La Puerta de los Humildes”, de la mano de Nuestra Señora de los Desamparados. Muchísimas gracias de corazón por haber llegado a mi vida.

Con gran cariño y admiración,

Martha Moreno