Ante la cultura del descarte y del derroche en la que predomina la indiferencia frente a los más necesitados, el Papa Francisco nos ha invitado a unirnos a la “Jornada Mundial de los pobres”. Esta jornada de encuentro se ofreció al terminar el Jubileo de la Misericordia para que, en todos los lugares del planeta, las comunidades cristianas buscaran convertirse en signo concreto del amor de Cristo por los más necesitados.
No se trata de organizar colectas o actos de ayuda concreta en un solo día del año. Lo importante se centra en acercar a los cristianos al que no tiene, al marginado, al desprotegido, al que está solo, al débil, a la viuda… Es un integrar a nuestra existencia cotidiana las obras de misericordia “sufriendo con el que sufre” y haciendo amistad con el que carece de lo elemental.
El fundamento de las iniciativas para ayudar a los pobres es la oración. A partir de la oración podemos ser capaces de invitar a los más frágiles a nuestra mesa reconociendo que son ellos los que pueden ser nuestros maestros de vida, de espiritualidad y de virtud. Es común que los más humildes vivan mejor que nosotros los valores de sobriedad, alegría y confianza en la Providencia.
Recordando que el amor a la pobreza fue el atributo esencial de San Francisco de Asís, quisiera compartirles algunos momentos importantes de la vida de Santa Isabel de Hungría, quien se distinguió por su caridad profunda y por su nivel de encuentro con los pobres y enfermos. Esta gran mujer de la Edad Media fue hija de reyes, esposa de un noble, viuda pobre y bondadosa.
Fue tal el impacto de la santidad de Isabel en sus cortos 24 años de vida, que surgieron alrededor de ella toda una gama de historias bellísimas que se fueron corroborando a nivel histórico. Su imagen creó una leyenda que le dio identidad e invitación al amor a toda una región de Europa. Es impresionante que esta jovencita aceptó con gusto un destino difícil, tomando todos los acontecimientos de su vida como llamados de Dios a los que respondió con alegría, servicio y entrega. Isabel fue alejada de sus padres desde los cuatro años para irse a vivir con la familia de su futuro esposo. Ella contrajo matrimonio a los 14 años y para los 20 ya era viuda con tres hijos. Su esposo la admiraba muchísimo y siempre aceptó con gusto la forma en la que Isabel ayudó a los pobres y enfermos. Algunos ejemplos de la generosidad de Isabel son los siguientes:
1.- En 1225 hubo una terrible hambruna en Alemania. Isabel utilizó todo el grano que se había almacenado en su casa para socorrer a los más necesitados. Su esposo se había ausentado. Los trabajadores levantaron quejas. Luis les preguntó si su esposa había vendido sus dominios y ellos le respondieron que no. Entonces el landgrave declaró: “Su generosidad atraerá sobre nosotros la misericordia divina. Nada nos faltará mientras le permitamos a mi esposa ayudar a los pobres”.
2.- Ante una nueva acusación de sacar pan de la cocina para los pobres, Luis de Turingia tuvo que preguntar a su esposa qué es lo que llevaba en su falda. Ella le respondió que eran rosas, sin recordar que era pleno invierno. Al extender el delantal ya no eran panes los que llevaba sino rosas. Dios ayudó a su sierva caritativa.
3.- Una vez se encontró a un leproso abandonado en el camino y, no teniendo espacio para colocarlo, lo acostó en la cama de su marido que había salido. Luis llegó de forma inesperada y le contaron lo ocurrido. Se fue enojado a llamarle la atención pero, cuando llegó a su habitación, en lugar de ver en su cama a un leproso, se encontró con un hermoso crucifijo ensangrentado.
4.- Santa Isabel construyó un hospital al pie del monte donde estaba el castillo de Wartburg. Ella daba de comer a los inválidos con sus propias manos, les hacía la cama y los asistía. Procuraba también pagar la educación de los niños pobres y huérfanos.
Ya viuda, Isabel tuvo que irse de su castillo porque su familia política no le permitió quedarse. Sus parientes la recibieron por un tiempo y luego optó por tomar el hábito de la Tercera Orden de San Francisco. Más adelante fundó un hospital donde consagró lo poco que le quedaba de vida al cuidado de los enfermos.
Isabel, ayudando a los más pobres, adoptó la pobreza como parte de su ofrecimiento a Jesús. Sirvió al necesitado no sólo dándole lo material sino entregando su corazón y su amistad. El ejemplo de Isabel nos invita a ser verdaderos refugios para los que nos necesitan. Si estamos atentos seremos capaces de encontrar numerosas oportunidades de servir, incluso dentro de nuestro propio hogar. Partiendo de la oración podemos aprender a ser caritativos y a descubrir todos los dones que nos ofrecen los más necesitados. Ellos podrán ser nuestros maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente, como lo dijo el Papa Francisco en su Mensaje de la 1ª Jornada Mundial de los Pobres del día 19 de Noviembre de 2017.
VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO
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