Doy gracias a Dios por un nuevo domingo de Ramos en mi vida. Pienso en la paz que me brinda el contemplar la naturaleza, en especial el observar detenidamente los diferentes árboles que me rodean. Raissa Maritain, filósofa y poeta, escribió en su diario: “Fuentes de paz: Dios y los árboles”. Para Raissa, los árboles unían el cielo y la tierra al estar anclados al suelo, recibiendo de él sus nutrientes, pero creciendo hacia arriba mirando hacia Dios. Su esposo, Jacques, en su Cuaderno de Notas, plasmó una reflexión de Raissa, en la que refleja su amor e interés por los árboles: “Raissa me dice que el cielo le parece un símbolo del Padre; la tierra, sobre la cual todo está basado, una imagen del Hijo; y los árboles, que todo lo reciben del rocío del cielo y del jugo de la tierra, como una figura del Espíritu Santo; y que la idea de lo que es más extraño al mundo actual -paz, unción, silencio, dulzura, amor perfectamente puro, pureza, inocencia, libertad en la luz – es lo que más ayuda a pensar en este divino Espíritu”.
Los árboles fueron muy importantes para el arquitecto Antoni Gaudí, máximo representante del modernismo catalán. Siempre me ha fascinado su vida y cómo toda su obra fue encaminada a dar gloria a Dios. Él dijo que el templo de la Sagrada Familia lo terminaría San José. Cuando uno entra en la gran basílica se siente dentro de un bosque. Gaudí encontró la manera de adaptar el proyecto original que le ofrecían a su nuevo estilo artístico inspirado en la naturaleza, particularmente en los árboles. Las columnas son como troncos de árboles que sostienen la estructura de la basílica de una forma orgánica y muy bella. Gaudí así lo expresó en diferentes momentos: “Este árbol que tengo delante de mi ventana es mi maestro… El libro que hay que leer es el libro de la naturaleza… ¿Quiere saber dónde encontré mi modelo? Un árbol crece hacia arriba, aguanta sus ramas y éstas, sucesivamente, sus ramitas y éstas, a su vez, las hojas. Y cada parte individual ha estado creciendo armoniosamente, magníficamente, después de que Dios, el artista, lo crease”. Me da mucho gusto saber que un genio como Gaudí, con su humildad y entrega a Dios, se encuentra actualmente en proceso de beatificación.
Uno de mis escritores consentidos, Ernst Jünger, era un verdadero contemplativo y no dejaba de descubrir la belleza y la verdad inscrita en la naturaleza, particularmente en la botánica. En su libro La Emboscadura, que trata sobre la importancia de ir al bosque para recuperar la libertad perdida en nuestro mundo masificado, escribió: “Nuestra mirada se vuelve hacia las flores y los árboles y se apodera de ella la fascinación que éstos ejercen. La botánica debería elevarse a mayor altura en esa dirección. Aquí está el Jardín del Edén, aquí están las viñas, los lirios, el grano de trigo de que hablan las parábolas cristianas… Está también Getsemaní con sus olivos”. Él encontraba santuarios en los bosques y sentía que el reino vegetal le hablaba al hombre de una manera pura y con muchas enseñanzas. En otra de sus obras, El Autor y la Escritura, cita al beato Tomás de Kempis: “En ningún lugar he encontrado más paz que en los bosques y en los libros”.
En este inicio de Semana Santa, me parece oportuno el compartir un epigrama del poeta alemán Angelus Silesius, donde está relacionando el árbol de la vida del Génesis con el Árbol de la Cruz: “Sobre la Cruz de nuestro Salvador: Sin duda este árbol es nutrido por el árbol de la vida, puesto que prodiga tan noble fruto, la vida misma”. Pronto estaremos mirando ese árbol de la Cruz en el oficio de la Pasión: “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Este himno lo relaciono con una estrofa del poema Pastorcico, de San Juan de la Cruz, que nos hace entrar en esa escena del máximo amor en el árbol de la Cruz, desde donde Jesús nos regaló la salvación:
“Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido de ellos,
el pecho del amor muy lastimado”.
“¡Alégrense los árboles del bosque porque el Señor ya viene!”, así lo dice el Salmo 96. Ya viene la Pasión de Jesús, pero también ya viene su Resurrección. Los invito a descubrir a Cristo en las maravillas de la creación. Hoy quise destacar la bondad y la belleza de los árboles. Contemplar el árbol de la Cruz es el mejor remedio para sanar nuestros corazones y nuestro mundo. Termino con unas palabras inspiradoras de Gabriela Bossis: “El amor es como un bosque sagrado en que calzadas secretas conducen a la encrucijada de una unión de alegría. Los altos follajes se balancean al soplo del Espíritu y los pájaros cantores de sus inspiraciones divinas completan la armonía que no es sino felicidad en el sacrificio temporal: corta y poca cosa es el sacrificio de la tierra”.
VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO
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