Cuando todo a tu alrededor parece confuso y sin objetivo; cuando el sentido común se ha perdido y se percibe un mundo masificado, violento y herido; cuando las personas sólo quieren tener cosas o sobresalir, sin buscar ser, aprender o trabajar con esmero, es tiempo de detenerse, reflexionar y mirar nuevamente al cielo, en busca de la verdad del ser humano que está más allá de cualquier materialismo, relativismo o deseos de confort.

Estamos en un período de expectación que llamamos Adviento. Es bueno esperar la venida de Dios con paciencia, cariño y silencio. Aunque nos sintamos en plena oscuridad, nosotros podemos dar luz, si aprovechamos la maravillosa oportunidad que nos ofrece esta época del año de cultivar la paz, la reconciliación, la compasión y el ofrecimiento. La siguiente frase del escritor alemán Ernst Jünger es una invitación a esa iluminación mediante actos sencillos de amor: “Hoy en día la persona singular es capaz de hacer más bien que nunca. El mundo está repleto de violencia, lleno de perseguidos, de prisioneros, de gente que sufre. Qué fácil resulta aquí consolar, aliviar, proteger, y qué pocos medios se necesitan para ello. Aun el hombre más sencillo tiene ocasión de hacer esas cosas”. Este actuar en favor de los demás, sobre todo de los que tenemos más cerca, nos ayuda a salir del egoísmo que nos impide entrar en la alegría del que conoce el sentido de la vida como una entrega. Así lo refirió Viktor Frankl, fundador de la logoterapia, en su libro El Hombre en busca del Sentido Último: “El hombre se caracteriza en primera instancia por su búsqueda de significado, más que por la búsqueda de sí mismo. Cuando más se olvida de sí mismo –entregándose a una causa o a otra persona – más humano se hace. Y cuanto más se implique o se deje absorber por algo o alguien diferente a sí mismo, más se vuelve él mismo”.

¿Cómo podemos ser capaces de dar amor y ser luz para otros, si antes no nos hemos alimentado de esencias que nos den valor? Refiere Jünger que: “Los cuerpos son cálices; el sentido de vida está en ir enriqueciéndolos con esencias cada vez más preciosas, como bálsamo para la eternidad”. ¿Cómo podemos darle a nuestra persona esas riquezas necesarias para sanarnos y poder sanar? Te presento algunas ideas que pueden enriquecer nuestros días de Adviento y hacer renacer en nosotros sentimientos puros que nos acerquen a Jesús:

  1. Memorizar un salmo o una oración especial que nos llegue al alma. Ese salmo u oración pueden ser un gran recurso para futuros instantes de dolor o dificultad.
  2. Escuchar a Bach o música litúrgica de Navidad.- Educar nuestro oído con música que eleve es una bella forma de darle a nuestro tiempo un nuevo significado espiritual y de tranquilidad.
  3. Valorar los aromas: el romero, un jazmín, la albahaca, tierra húmeda, libros antiguos, comidas especiales, el perfume de la Navidad (pino, canela, galletas recién preparadas). Este ejercicio nos hace más conscientes de nuestro presente para vivirlo con intensidad.
  4. Elegir a un santo como guía y amigo especial. Conocerlo, leer sus escritos, imitar sus virtudes, permitirle que nos acerque a Cristo y a la Virgen María.
  5. Escoger un lugar especial de oración como nuestro propio santuario o ermita.
  6. Hacer un ejercicio de análisis de nuestra vida en función de las bendiciones recibidas.
  7. Retomar una amistad que hemos descuidado.
  8. Ofrecer una comida o una cena, e invitar a aquellos conocidos que sabemos están solos o necesitan apoyo.
  9. Dedicar tiempo a la Liturgia de las Horas.
  10. Leer un clásico de espiritualidad.
  11. Crear comunidad buscando compartir nuestro tiempo sin prisas.
  12. Visitar al Santísimo y acercarnos más a Jesús Eucaristía.
  13. Ejercitar la paciencia, la humildad y la sobriedad.
  14. Aprender algo nuevo que nos brinde entusiasmo.
  15. Contemplar el nacimiento en actitud de adoración. Rendirnos ante el niño Jesús que, en su vulnerabilidad y pobreza, nos invita a revalorar el estilo de vidas que estamos llevando.
  16. Aprovechar la Corona de Adviento para reunir a la familia y recordarle la importancia de este tiempo.
  17. Elegir bien nuestros regalos de Navidad con un nuevo sentido de generosidad que implique poner nuestro corazón en el obsequio y no sólo lo material que exige el mundo. Esos regalos también pueden ser espirituales.
  18. Perdonar ofensas pasadas y presentes.
  19. Hacer pequeños ayunos de internet, series, distracciones y gadgets.
  20. Preparar regalos especiales para la Virgen María.
  21. Hacer una lista de obras de misericordia para el Adviento y cumplirla.
  22. Sonreir y agradecer.

El Adviento se pasa rápido así como la vida. Todavía tenemos la oportunidad de hacer mucho bien. En esta espera de la Navidad se nos invita a elegir bien las esencias con las que estamos alimentando nuestras vidas: lo que vemos, escuchamos, leemos, a quien recibimos, las virtudes que adquirimos, las oraciones que retomamos, para que nuestros cálices puedan ser bálsamo de eternidad y se abran para servir a nuestro prójimo.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO