En este año de pandemia, en el que para mí fue muy importante el anuncio de la próxima canonización del beato Carlos de Foucauld por el Papa Francisco, me viene a la mente la conocida oración de abandono de este “hermano universal”, que inicia con las siguientes palabras: “Padre mío, me abandono a Ti, haz de mi lo que quieras, por todo te doy las gracias”… La realidad es que a mí, en lo personal, y en general, a todas las personas, nos cuesta mucho trabajo el darle entrada total a Dios y hacer a un lado nuestras compulsiones de querer elegir, ordenar, dirigir y acomodar todo lo que nos sucede, siempre con nuestro propio estilo, criterio y gusto. La frase que Jesús le dijo a Pedro de que llegaría un momento en su vida en el que tendría que ser llevado a hacer lo que no quiere y dejar de hacer lo que quiere es muy reveladora, porque nos invita a aceptar con humildad y alegría el camino de Dios para nosotros y a dejar de insistir en una auto-suficiencia y auto-realización mal entendida.

Una de las cosas que nos enseñó y sigue enseñando esta crisis sanitaria es la de aceptar que no podemos controlar muchas cosas. ¿Qué ocurría antes? Planeábamos una reunión y la teníamos, organizábamos un viaje y lo llevábamos a cabo, nos comprometíamos con un proyecto y nos sentíamos seguros de realizarlo, en general, sin contratiempos. Definíamos nuestro futuro o el de nuestros hijos en función de lo que el ambiente pedía: -estudia, trabaja, prepárate bien, produce y, por supuesto, también consume-. Hoy vemos con claridad que muchas preguntas sobre el sentido de vida y los verdaderos valores estaban siendo dejados de lado. Quizá se tomaban en cuenta, pero una cosa era el deber ser y otra lo que acontecía en el día a día.

Muchos planes se frustraron pero qué importante ha sido el darnos cuenta del poco control que tenemos sobre nuestro entorno. Hoy podemos apreciar con asombro la riqueza real de nuestras familias, de los amigos, de la salud y, sobre todo, del tesoro que nos brinda una profunda amistad con Jesús.

Cuando reflexiono en ese “Padre mío, me abandono a Ti, haz de mí lo que quieras, por todo te doy las gracias”, no puedo más que dar gracias a Dios por el privilegio de vivir, de sonreir, de comulgar, de poder ver a Jesús en cada una de las personas que están a mi lado y de las que han sido parte de mi vida. Al entrar en la posibilidad de ese abandono puedo descubrir que en muchas cosas he estado mal y no he dado lugar a que las fuerzas del amor, de la confianza y de la paz sean la que muevan en todo momento mi mundo. Hay un poema llamado: ”Estoy desarmado”, del patriarca Atenágoras de Constantinopla, que habla sobre ese salirnos de creer que podemos controlar todo, que sabemos más que los demás, que nuestras elecciones son mejores que las de Dios para nosotros, o que somos buenos cuando en realidad nos falta tanto por hacer. En pocas palabras, constituye un himno de humildad. Se los comparto:

ESTOY DESARMADO

“Hay que librar la guerra más dura,

que es la guerra contra uno mismo.

Hay que llegar a desarmarse.

Yo he librado esta guerra durante años.

Ha sido terrible.

Pero ahora estoy desarmado.

Ya no tengo miedo de nada,

ya que el Amor destruye el miedo.

Estoy desarmado

de la voluntad de tener razón,

de justificarme descalificando a los demás.

No estoy en guardia,

celosamente crispado sobre mis riquezas.

Acojo y comparto.,

No me aferro a mis ideas ni a mis proyectos.

Si me presentan otros mejores,

o ni siquiera mejores, sino buenos,

los acepto sin pensar.

He renunciado a hacer comparaciones.

Lo que es bueno, verdadero, real,

para mí siempre es lo mejor.

Por eso ya no tengo miedo.

Cuando ya no se tiene nada,

ya no se tiene miedo.

Si nos desarmamos, si nos desposeemos,

Si nos abrimos a Dios hecho hombre

que hace nuevas todas las cosas,

Él, entonces, borra el pasado malo

y nos da un tiempo nuevo

en el que todo es posible.

¡Es la paz!”

Yo todavía estoy en ese camino del desarme y le pido a Dios su ayuda para hacer vida la oración de abandono de Carlos de Foucauld. Los invito a acompañarme.

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO