Las amistades del alma encierran un misterio de atención, generosidad y empatía. Se reconocen por esa entrada en el corazón del amigo buscando siempre su crecimiento en humanidad, espiritualidad y alegría. La pureza de intención rebasa todo egoísmo y los encuentros tienden a la elevación y hacia mundos más tiernos.

Querida Santa Teresita:

Eres la mejor amiga. Gracias por tu amistad, por tu guía y tu maestría en la vocación del amor. Gracias por presentarme a María como Nuestra Señora de las Victorias, como Nuestra Señora de la Sonrisa. Gracias por tus virtudes que invitan. Gracias por haber sido una gran amiga de mis queridos escritores Raissa Maritain y Henri Nouwen. Gracias por tu gozo ante las rosas. Gracias por prestarme a tus padres santos. Gracias por tus lecciones de generosidad y entrega. Gracias por ser parte esencial de mi grupo Camino a Casa. Gracias porque me llevaste a Lisieux. Gracias por tu camino pequeño que me da esperanza. Gracias por tu cariño por los sacerdotes y por tu sentido de misión. Gracias por decirme cómo orar por la salvación de las almas. Gracias por tus poemas hermosos. Gracias por cada lección de vida en familia y de ayuda al necesitado. Gracias por platicarme sobre la cruz y el sufrimiento ofrecido. Gracias por ser parte tan importante de mi vida y por continuamente presentarme a Jesús. Que Dios te siga permitiendo llegar a numerosas almas y a las futuras generaciones. Amén

Martha Moreno

VOCES EN EL TIEMPO