“Padre, ¿Es correcto que un sacerdote ‘pasee’ la custodia con el Santísimo Sacramento por todo el templo y la imponga sobre la cabeza de las personas?”.
En cierta ocasión una joven me preguntó: “Padre, ¿Es correcto que un sacerdote ‘pasee’ la custodia con el Santísimo Sacramento por todo el templo y la imponga sobre la cabeza de las personas?”, yo le respondí: “La Iglesia ha sido clara y constante en este punto: la exposición y bendición con el Santísimo Sacramento tiene formas rituales precisas, y no está permitido inventar gestos o prácticas ajenas a las normas litúrgicas, especialmente aquellas que manipulan la custodia de manera inadecuada o irreverente”.
- La liturgia regula cómo se expone y se bendice con el Santísimo
Los documentos principales son:
- Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004)
- Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto Eucarístico fuera de la Misa
- Instrucción Inaestimabile Donum (1980)
- Instrucción Eucharisticum Mysterium (1967)
Todos coinciden en lo siguiente:
La custodia no debe usarse para “tocar”, “rozar”, “pasar” o “poner” sobre la cabeza de nadie.
No existe en la liturgia de la Iglesia un gesto aprobado que autorice semejante acción.
El Santísimo Sacramento:
- se expone en un altar,
- se adora en silencio o con cantos,
- y se imparte la bendición desde el altar, elevando la custodia de forma solemne, sin desplazarla entre las personas.
- ¿Puede el sacerdote andar “paseando” la custodia por el templo?
No.
Las normas son claras:
la bendición eucarística se imparte desde el altar, no caminando por el templo.
El Ritual indica que, después de un tiempo de adoración:
- El sacerdote se arrodilla.
- Cubre sus manos con el velo humeral.
- Toma la custodia.
- Da la bendición desde el altar.
- La devuelve inmediatamente al lugar destinado (el sagrario o un lugar seguro).
No manda caminar, ni acercarla a cada persona, ni “tocar” o “rozar” con ella a nadie.
- ¿Por qué la Iglesia prohíbe estas prácticas?
Por dos razones fundamentales:
- a) Dignidad del sacramento
El Santísimo Sacramento no es un objeto para manipular creativamente, sino el Cuerpo real de Cristo.
Cualquier gesto que genere riesgo de irreverencia, caída, profanación o confusión, debe evitarse.
- b) Unidad de la Iglesia
La liturgia no es un espacio para “creaciones personales”.
Redemptionis Sacramentum subraya con firmeza que nadie puede añadir, quitar o modificar nada por iniciativa propia en los ritos (n. 31).
Cuando un sacerdote realiza estos gestos:
- genera confusión doctrinal,
- da la impresión de que el sacramento actúa como un “objeto mágico”,
- y hace del momento un acto centrado en él mismo, no en Cristo.
- ¿Qué sí permite la Iglesia?
Solamente dos formas solemnes de bendición con el Santísimo:
- a) Bendición desde el altar con la custodia
La forma ordinaria.
- b) Procesión eucarística
Regulada por el Misal y por Eucharisticum Mysterium.
En una procesión:
- se lleva el Santísimo por el templo o por las calles,
- siguiendo un orden determinado,
- sin detenerse a poner la custodia en la cabeza de nadie.
Aun en procesión, no se improvisan gestos.
- Entonces, ¿qué dice la Iglesia sobre poner la custodia sobre la cabeza de las personas?
- Que no está permitido.
- No forma parte de ningún rito católico aprobado.
- Es un abuso litúrgico.
Redemptionis Sacramentum define los abusos como actos que:
- deforman la liturgia,
- exponen a riesgo al sacramento,
- confunden al pueblo fiel,
- o atribuyen al sacerdote poderes o gestos que la Iglesia no le ha dado.
Este gesto cae exactamente en esa categoría.
- ¿Cómo debe actuar un sacerdote?
De modo sobrio, obediente y fiel a la liturgia.
La verdadera piedad eucarística:
- no necesita gestos llamativos,
- no busca emociones intensas,
- y no usa la Eucaristía como un “instrumento” de impacto.
El sacerdote debe conducir a los fieles a Cristo con reverencia, silencio, oración y humildad, no con innovaciones.
- Conclusión
No es correcto que un sacerdote:
- pasee la custodia por todo el templo,
- la acerque a cada persona individualmente,
- o la coloque sobre la cabeza de alguien.
La Iglesia lo considera un abuso litúrgico que debe evitarse.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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