En la búsqueda de caminos antiguos que ayuden a las personas de este tiempo a despertar conciencias y a quitar la indiferencia, el temor y la superficialidad que surgen de tanto automatismo y relativismo, encuentro un mundo profundo y bello, conectado con el alma, que se llama música. No estoy hablando de la música en general, sino de aquella que está íntimamente relacionada con la intuición, la espiritualidad y la virtud.
El autor J.R.R. Tolkien, en su obra El Silmarillion, nos presenta la creación como resultado de una composición musical, como un canto universal. El primer capítulo del libro nos dice: “En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento, y estuvieron con él antes que se hiciera alguna otra cosa. Y les habló y les propuso temas de música, y cantaron ante él y él se sintió complacido. Pero por mucho tiempo cada uno de ellos cantó solo, o junto con unos pocos, mientras el resto escuchaba”. Más adelante les propuso hacer del tema que les había comunicado una gran música en armonía. De la maravilla de la música compartida surgió todo lo visible.
Me gusta mucho este ejemplo de creación musical porque nos muestra que la música viene de Dios y nos conduce a Dios. Esto mismo pensaba Santa Hildegarda de Bingen en el siglo XII: “Cuando sonó la Palabra de Dios, entonces esta palabra apareció en cada criatura, y este sonido era la vida de cada creación. Por la misma palabra obra el espíritu del hombre, de ese mismo sonido extrae sus obras la razón, resonando, llamando o cantando, de igual manera que también hace mediante la sagacidad de sus facultades artísticas que resuene en toda criatura vibrantes instrumentos musicales”. Hildegarda sostiene en su Sinfonía de la Armonía de las Revelaciones Celestiales que el alma del hombre porta una sinfonía dentro de sí y es asimismo sinfónica. Dice que la Madre Iglesia lleva a sus hijos hacia la suprema sinfonía, hacia la eterna sinfonía. El seno de María se regocijó pues en ella resonaron todas las sinfonías del cielo. Es interesante saber que Santa Hildegarda señaló que aquél que silencie el canto de una comunidad que alaba a Dios asume una grave responsabilidad, porque esa música actúa como resonancia de la armonía celestial inspirada por el Espíritu Santo.
Del escritor Miguel de Unamuno (Diario Íntimo) encontré unas frases que nos introducen en la fuerza que ejerce la música como regalo de Dios: “Entre los dones que debemos a la Bondad de Dios es uno de los mayores el de la música… La música es según se la recibe. En un alma pura toda música produce sentimientos de pureza… Es la música como un sacramento natural, una revelación natural del canto con que la naturaleza narra la gloria de Dios”. Y esto lo podemos ver reflejado en grandes músicos como Mozart, Bach o Beethoven, quienes encontraron en la música su vocación de servicio para alabar a Dios y mejorar su mundo.
Si la música refleja el canto con que la naturaleza narra la gloria de Dios, es importante entender que también el hombre, como parte de la creación, forma parte de ese canto y tiene la vocación de ser parte de esa alabanza. Santa Isabel de la Trinidad, que descubrió que su misión era ser alabanza de la gloria de Dios (imitando a San Pablo), habla del cielo como de una música o cántico eterno: “En el cielo de su alma, la alabanza de gloria comienza ya su oficio de la eternidad. Su canto nunca se interrumpe, porque está bajo la acción del Espíritu Santo, que realiza todo en ella; y aunque no siempre tenga conciencia de ello, ella canta siempre, ella adora siempre; ella, por decirlo así, se ha convertido del todo en alabanza y en amor, en la pasión de la gloria de su Dios. En el cielo de nuestra alma seamos alabanzas de gloria de la Santa Trinidad, alabanzas de amor de nuestra Madre Inmaculada”.
¿Por qué no entrar en este universo musical que nos invita a desintoxicarnos de tanta propaganda y exigencias de un mundo despersonalizado e indiferente? La música despierta y mueve a la contemplación. La música enriquece el espíritu y nos hace entrar en el asombro. La música nos conecta con nuestra realidad más íntima y esencial. La música nos acerca a Dios. El libro de los Salmos lleva música en su esencia y la misión central de los ángeles consiste en cantar a Dios (Coros Celestiales). ¿Por qué no nos dejamos curar por la música de Dios?
VOCES EN EL TIEMPO
MARTHA MORENO
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