Embestida contra la fe cristiana.
Especialmente en los días cercanos a la Navidad, vemos, con preocupación, una campaña, a veces oculta, a veces abierta, contra la Navidad, en diferentes ambientes y en diversas latitudes. Esta campaña, en realidad, es solo un reflejo del deseo expresado por los promotores de la ‘Nueva Europa’, que desconocen y repudian las raíces cristianas de Europa, y por eso quieren borrar cualquier referencia a Cristo y a la fe cristiana.
En diversos ámbitos, tanto públicos como privados se intenta suprimir la palabra Navidad, con la excusa de que omitiéndola se evita ofender a quienes no son cristianos. Helena Dalli, Comisionada para la Igualdad, de la Comisión Europea, presentó un documento titulado ‘Pautas para una comunicación inclusiva en la Unión Europea’, en el que señala que ‘la Igualdad y la no discriminación son valores fundamentales de la Unión Europea’, por eso, en la sección denominada ‘culturas, estilos de vida y creencias’, el documento pide a los empleados de la Comisión que se abstengan de utilizar el término “tiempo de Navidad”, argumentando que debido a que la Navidad no es celebrada por todos en la Unión Europea, deben utilizar el término “tiempo de vacaciones” en lugar de “tiempo de Navidad”, esto debido a que no todo el mundo es cristiano, es decir que no todo el mundo celebra las fiestas cristianas, y dicen ‘hay que ser sensibles al hecho de que las personas tienen diferentes religiones’.
Pero, llegados a este punto uno se puede preguntar ¿Se puede cancelar la cultura de un plumazo? Porque la Navidad es una celebración que se encuentra arraigada en la cultura y en la vida de millones de personas en el mundo. Incluso hay ateos y creyentes de religiones no cristianas que la celebran sin ningún problema, porque reconocen su importancia y su valor. No se puede eliminar la cultura por decisión de una autoridad, y menos aún por decreto.
Los ideólogos de la era postcristiana, afirman que para lograr una mejor convivencia en la sociedad se debe eliminar la diversidad, o sea unificarlo todo borrando las diferencias; pero no es así, la convivencia pacífica y armónica no se logra borrando las diferencias, sino justamente al revés, es decir, conociendo y aceptando las diferencias con el otro, para poder entrar en diálogo con él. Es preciso conocer bien la historia, para saber cuáles han sido los valiosos y numerosos aportes del cristianismo a la cultura occidental.
Seguramente que conocer y respetar las fiestas de cada religión es un camino para lograr una convivencia pacífica. Hay quienes piensan que personas de diferentes religiones se sienten discriminadas por el solo hecho de escuchar la palabra Navidad, en realidad apenas mínimamente han expresado, a lo largo de la historia, la más pequeña objeción a la memoria del nacimiento de Jesús.
Si se habla de discriminación al mencionar la Navidad, lo mismo estaría pasando al querer prohibirla, los cristianos seríamos marginados, discriminados. Cancelar la palabra Navidad es pasar por alto las convicciones religiosas de un gran número de personas en el mundo. Sin duda, discrimina el hecho de quitarla, porque equivale a negar la realidad y la existencia de la fe de millones de personas.
Los cristianos tenemos el deber de mantener viva la celebración de la Navidad, dando a conocer su verdadero significado. Hacerlo sin complejos y sin vergüenza, porque justamente recordamos una solemnidad que habla de esperanza, de nuevo comienzo, dos puntos que son necesarios especialmente, en tiempos de pandemia. El nacimiento de Jesús dio un giro a la historia y por eso es imposible de borrar. Celebremos con ánimo alegre y espíritu sereno, el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador, celebremos con júbilo la Navidad.
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