En cierta ocasión se acercó al confesionario una joven y me preguntó: “Padre, si en la confesión oculto un pecado grave ¿los otros pecados quedan perdonados?”, yo le pregunté: “¿Por qué me preguntas eso? ¿Tú lo has hecho?”, ella me dijo: “Es que una vez que me confesé no dije un pecado grave por vergüenza, yo creía que los otros pecados que sí confesé habían quedado perdonados, pero como me entró la duda le pregunté a una amiga que es muy apegada a la Iglesia y ella me dijo que si en la confesión oculté un pecado grave por vergüenza ningún pecado quedó perdonado, porque no hice una buena confesión, yo le dije que yo creía que ella estaba equivocada y que yo tenía la razón, pero ella me dijo que le preguntara a un sacerdote y por eso quise venir hoy aquí”, yo le dije: “La Iglesia nos enseña que para hacer una buena confesión es necesario seguir estos pasos, hacer examen de conciencia, tener dolor de los pecados, tener propósito de enmienda, decir los pecados al confesor, recibir la absolución y cumplir la penitencia; ‘decir los pecados al confesor’ incluye no omitir ningún pecado grave por vergüenza o por pena, si se omitiera un pecado grave por vergüenza o por pena entonces la confesión sería inválida, y ningún pecado queda perdonado, porque no existió el requisito necesario para ser perdonado, es decir, el arrepentimiento sincero que lleva al dolor de los pecados y a confesarlos íntegramente. El arrepentimiento de los pecados no puede ser parcial o selectivo, no podemos arrepentirnos de unos pecados y de otros no, quien se confiesa debe decir todos sus pecados, ese es el primer signo de que el arrepentimiento es sincero”.
Respecto a la confesión san Jerónimo decía: “Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina para su perdón todos los pecados que han cometido. Quienes actúan de otro modo y callan conscientemente algunos pecados, no están presentando ante la bondad divina nada que pueda ser perdonado por mediación del sacerdote. Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora”. Una buena confesión debe reunir estas características: que sea clara, es decir, que señale cuál fue el pecado concreto; que sea concreta, o sea, decir el pecado preciso, sin usar frases genéricas; que sea concisa, esto es, que evite dar explicaciones o descripciones innecesarias; y que sea completa, esto significa que no calle ningún pecado grave por vergüenza. La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del Sacramento de la Penitencia: “En la confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo, pues, a veces, estos pecados hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos”. La confesión individual e íntegra –que incluye al menos todos los pecados mortales no confesados que se puedan recordar– y la absolución del sacerdote, constituyen el único modo ordinario de recibir válidamente este sacramento. Si deseamos recibir el perdón de los pecados a través de la confesión no ocultemos ningún pecado por ninguna razón. Estudiemos nuestra fe para conocer mejor los sacramentos y pidamos la gracia del arrepentimiento.
Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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