En una ocasión entró un joven al confesionario, y me preguntó: “Padre, ¿Es lo mismo la Unción de los Enfermos que la Extremaunción?”, yo le respondí: “¿Por qué me preguntas eso?”, entonces él me dijo: “Es que mi abuela paterna tiene más de 90 años de edad y es una mujer muy anciana y delicada de salud, entre otras enfermedades padece Alzheimer, así que a veces tiene ratos de consciencia y a veces no. Hace unos días se puso muy grave, y yo oí discutir a mis tíos y a mi papá sobre si ya era tiempo de llamar a un sacerdote para que le diera los Santos Óleos, aunque ella no los hubiera pedido, algunos de mis tíos y mi papá decían que sí, para que los recibiera conscientemente, otros de mis tíos decían que no, porque como ella está a ratos consciente podría asustarse de ver de pronto a un sacerdote junto a ella y que sería mejor esperar a que perdiera totalmente el conocimiento para traer a un sacerdote para que le pusiera los Santos Óleos, pero yo recuerdo que alguna vez escuché decir que era más conveniente llamar a un sacerdote para poner los Santos Óleos a una persona cuando aún está consciente. Por cierto, mis tíos, mi papá y yo tuvimos una discusión acerca del nombre de este sacramento, yo les decía que recordaba, por el estudio del catecismo que hice para mi Primera Comunión, que este sacramento se llamaba Unción de los Enfermos, pero algunos de mis tíos afirmaban que, precisamente porque este sacramento se pone al final de la vida, es que se llama Extremaunción, yo casi estoy seguro de tener la razón, pero me hicieron dudar, pensé que quizás se trataba de otro sacramento, por eso quise venir a preguntarle”, yo le dije: “Efectivamente este sacramento se llama Unción de los Enfermos, y no Extremaunción. A este sacramento se le conoció en el pasado como Extremaunción, es decir, ‘ultima unción’, porque se decía que era el último sacramento que se administraba a una persona que estaba agonizando para prepararla a bien morir, pero en realidad su nombre es el de Unción de los Enfermos, porque los destinatarios son los enfermos que tienen alguna afección seria o grave. La unción se debe imponer a los enfermos o ancianos para implorar a Dios la salud del alma y del cuerpo, no solo antes de morir, por lo tanto, no se debe esperar a que un enfermo se agrave o pierda la consciencia para dárselo, es preferible llamar al sacerdote para que imponga los Santos Óleos a un enfermo o anciano cuando aún está consciente que cuando ya no lo está. La Iglesia enseña que este es un Sacramento de Curación, junto con el Sacramento de la Reconciliación, y son llamados así porque son sacramentos que da la Iglesia al cristiano para obtener la salud del alma y del cuerpo en estado de enfermedad grave o vejez. Por eso es conveniente que se reciba con conciencia de parte de quien lo recibe, así que es un error pensar que si se le lleva un sacerdote a una persona enferma o anciana se va a asustar o a deprimir, porque puede pensar que ya se va a morir, generalmente es el mismo enfermo o anciano quien lo pide o pueden pedirlo sus familiares si el enfermo ya no está consciente”, entonces él me preguntó: “¿Y si un enfermo o anciano recibe la unción y luego se mejora, puede recibirla de nuevo o solo se puede recibir una vez?”, yo le respondí: “La Unción de los Enfermos es un sacramento que se puede recibir varias veces, no solo una, las veces que un enfermo o anciano lo necesite a lo largo de su enfermedad”.

La Unción de los Enfermos no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morirse. Por eso, se considera oportuno recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez. Si un enfermo que recibió el sacramento de la Unción de los Enfermos recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibirlo de nuevo. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser repetido si la enfermedad se agrava. Es recomendable recibir la Unción de los Enfermos antes de una intervención quirúrgica que pueda poner en peligro la vida. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan. En otro tiempo a este sacramento se le llamó Extremaunción, porque se le entendía como un auxilio espiritual en el momento de la muerte. Hablar, en cambio, de Unción de los Enfermos, nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios. Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que aparece en la Unción de los Enfermos. Es la parábola del Buen Samaritano. Cada vez que se celebra este sacramento, el Señor Jesús en la persona del sacerdote, se vuelve cercano a quien sufre o está gravemente enfermo o es anciano. Dice la parábola, que el Buen Samaritano se hace cargo del hombre golpeado, poniendo sobre sus heridas, aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que es bendecido en la Misa Crismal y es utilizado en la Unción de los Enfermos. El vino es signo del amor y de la gracia de Cristo que nacen del don de su vida por nosotros, y se expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Finalmente, en la parábola, el hombre malherido es confiado a un posadero para que siga cuidándolo sin reparar en gastos. Ahora el posadero es la Iglesia a quien el Señor confía a los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, para que siga imponiendo sobre ellos en su nombre la Unción de los Enfermos, mostrándoles así su misericordia y su compasión. Es muy conveniente que los bautizados nos interesemos en conocer en profundidad el significado y sentido de los sacramentos para que los entendamos más, los valoremos mejor y deseemos recibirlos cuando llegue el momento.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.