Una vez vino un joven a confesarse y al terminar su confesión me dijo: “Padre, ¿me permite decir algo que no es un pecado, pero igualmente quiero decirle?”, yo le respondí: “Adelante, te escucho con mucha atención”, entonces él me dijo: “Padre, quiero aprovechar este momento para decirle que quiero darle gracias a Dios porque este año de pandemia, en el que tantas personas han enfermado, y tantas personas han fallecido, he descubierto que mi más grande tesoro es mi familia”, yo le dije: “Me da mucho gusto que lo hayas descubierto, porque efectivamente la familia es un tesoro inestimable en nuestra vida, que tristemente muchos jóvenes de tu edad no valoran, hasta que lo pierden”, entonces él me dijo: “Padre, quiero decirle que desgraciadamente yo vivía mi vida muy centrada en mí mismo, solo me preocupaba de mis cosas, les exigía mucho a mis padres y les reclamaba si no cumplían mis deseos, la verdad es que mi conducta no era para nada ejemplar, solo pensaba en que llegara el fin de semana para salir de fiesta con mis amigos, no tenía tiempo para convivir con mis padres y hermanos, solo me preocupaba de cumplir mis caprichos; tampoco tenía tiempo para Dios, ni para orar o ir a misa, solo pensaba egoístamente en mí mismo y en mis cosas, pero hace dos meses mi papá enfermó de Covid y se puso muy grave, estuvo varias semanas hospitalizado, creíamos que no lo volveríamos a ver vivo, los médicos nos habían dicho que su condición era muy crítica y que si teníamos fe entonces que nos pusiéramos a rezar, porque solo Dios iba a poder devolverle la salud, ya que ellos estaban haciendo lo humanamente posible, pero que estaba en las manos de Dios; al ver yo la gravedad de mi papá, oré con todas mis ganas pidiéndole a Dios que mi papá sanara, no podía imaginar mi vida sin él, lo había tenido tanto tiempo a mi lado sin valorarlo que ahora que estaba en riesgo de perderlo me di cuenta de cuán tonto había sido al desperdiciar las oportunidades de convivir con él, ahora que mi papá estaba delicado de salud y en riesgo inminente de morir, acudí a Dios con todas mis fuerzas y me avergoncé mucho, porque me di cuenta de que me había olvidado de Dios por no tener tiempo para él, pero ahora acudía a él desesperadamente para que hiciera un milagro y salvara a mi papá, la verdad es que aunque sentí vergüenza por ser tan convenenciero y buscar solo a Dios en los momentos de grave necesidad, sin embargo, sentí una gran confianza de seguir orando, sabiendo que el único que podía ayudar a mi papá en esas circunstancias era Dios, así que no dejé de orar insistentemente y después de varios días muy críticos, en los que mi padre se debatía entra la vida y la muerte, finalmente los médicos nos avisaron que mi papá había superado la etapa crítica de su enfermedad y comenzaba ahora su recuperación, la verdad es que sentí que Dios me daba una nueva oportunidad de convivir con mi papá, por eso he querido decírselo hoy como un testimonio de gratitud a Dios de que mi vida ha cambiado por la nueva oportunidad que él me dio con mi familia y especialmente con mi papá”.

Dice un dicho: “Aprende a apreciar lo que tienes, antes de que el tiempo te haga apreciar lo que tenías”, tristemente muchas personas, especialmente los jóvenes, no valoran lo que tienen mientras lo tienen, y solo llegan a valorarlo cuando lo han perdido, ojalá que nos diéramos cuenta del tesoro que tenemos en la familia que nos ha dado Dios y que lo supiéramos aquilatar mientras lo tenemos, porque días vendrán en que no lo tendremos más y nos lamentaremos por no haberlo valorado lo suficiente. La familia es un tesoro que desgraciadamente no valoramos como se debe, porque nuestra familia no es perfecta, tiene sus defectos, y eso es normal, porque los miembros de nuestra familia no son ángeles, son personas con cualidades y defectos, y desgraciadamente tendemos más a ver sus fallas que sus aciertos, por eso, a veces, no valoramos lo suficiente a las personas que están a nuestro lado o a nuestro alrededor hasta que ya no están, hasta que desaparecen. Aprovechemos la oportunidad que tenemos de aceptar, conocer y amar a nuestra familia, porque es la única que tenemos, y la vida familiar es un camino de santificación que Dios pone en nuestra vida.

Que Dios los bendiga. Nos leemos la semana entrante.

Pbro. Eduardo Michel Flores.