En cierta ocasión vino al confesionario un señor joven y en medio de su confesión me preguntó: “Padre, ¿es pecado desearle la muerte a alguien?”, yo le respondí: “¿Por qué me pregunta eso? ¿Usted ha sentido algo así?”, entonces él me dijo: “Padre, es que unos ladrones se metieron a mi casa a robar cuando mi esposa y mis hijos salimos, y cuando regresamos nos dimos cuenta que se habían metido a nuestra casa y que nos habían robado muchas cosas de valor, incluyendo instrumentos de trabajo como la computadora que utilizo para trabajar, además de muchas cosas que con mucho esfuerzo, trabajo y sacrificio hemos podido comprar; incluso unos ahorros que teníamos para hacer un viaje familiar, y yo sentí mucho coraje, y mucho enojo, y pensé que si hubiera estado yo en casa durante el robo me hubiera gustado tener un arma para matar a esos ladrones que nos robaron todo, pero luego platicándolo con mi esposa me dijo que eso que sentí fue un deseo de venganza y que no era algo bueno y me dijo que desear la muerte de alguien, aunque nos haya hecho un mal era un pecado y que debía irme a confesar, yo de pronto no acepté lo que ella me dijo, pero luego me hizo dudar y por eso quise venir a preguntarle”, entonces yo le dije: “Mire, entiendo que una experiencia como la que vivieron usted y su familia debió provocar una serie de sentimientos encontrados, de enojo, coraje, tristeza, frustración, etc. y entiendo también que uno que se ha esforzado por tener lo que tiene y de ahorrar para darle un gusto a la familia sienta de pronto deseos de desquite con quien provoca un daño o infringe un sufrimiento, si humanamente se comprende una reacción así, sin embargo, no es de un buen cristiano tener esos sentimientos en el corazón, porque no es lo que nos enseñó Jesús, más bien nos enseñó a pedir por los que nos hacen el mal, perdonar siempre a quien nos hace un daño”, pero él me interrumpió para decirme: “Padre, esa enseñanza de Jesús yo ya la había escuchado, y me parecía muy noble, pero ahora que se me pide a mi practicarla me parece inhumana y muy difícil de vivirla”, yo le respondí: “Efectivamente, no es fácil, si fuera fácil vivirla entonces no habría ningún mérito en practicarla, pero en esos momentos en que creemos no solo que es difícil, sino imposible practicar una enseñanza de Jesús es que debemos acudir a los sacramentos, a la oración, para pedirle al Señor su gracia para que nos ayude a practicar aquello que no podemos con nuestras solas fuerzas”, entonces él me dijo: “Gracias Padre, pediré a Dios su gracia para poder perdonar y poder sacar del corazón el deseo de venganza que siento en mi corazón contra los que nos hicieron esto, Dios me ayude”.

El quinto mandamiento de la ley de Dios dice: no matarás. Este mandamiento ordena no hacer daño a la propia vida o a la de otros con palabras, obras o deseos; es decir, querer bien a todos y perdonar a nuestros enemigos. El desear la muerte a sí mismo o a otro, es pecado grave. El odio es incapaz de liberar a nadie. el odio sólo sirve para fomentar el odio, y en la historia humana nadie ha conseguido ser libre gracias al odio. el odio nunca está justificado para un cristiano. La venganza personal no está permitida en ningún sentido. Cristo la prohibió. Porque si fuese permitida, no se podría vivir en el mundo. Todos nos creeríamos con derecho a vengarnos de alguien. Para ser feliz hay que tener el corazón en paz. el que odia no vive feliz. el odio hace daño al que odia. ese rencor le destruye por dentro.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

  1. Eduardo Michel Flores.