En cierta ocasión vino una señora a confesarse, y después de confesarse me preguntó: “Padre, ¿Cree usted que soy una mala madre?”, para entender por qué me hizo esta pregunta es necesario saber lo que me dijo primero, entrando al confesionario me dijo: “Padre, tengo una hija que cuando era niña era un amor, obediente, alegre, bien portada, buena estudiante, buena hija, muy ordenada, buena cristiana, le gustaba venir a misa, a confesarse; pero de pronto, sin darnos cuenta creció y se hizo adolescente y ahora parecería haberse propuesto ser todo lo contrario a lo que era cuando era más pequeña, porque se hizo muy rebelde, no me hace caso, ignora todo lo que le digo, me reta mucho, me contradice, siempre está de mal humor, no le gusta estudiar, tiene su habitación hecha un desorden, no se le puede pedir nada porque estalla y maldice, ya no viene a la Iglesia, ya no se confiesa…”, entonces yo la interrumpí para decirle: “Mire, por lo que me platica su hija se encuentra en la crisis de la adolescencia, lo cual es muy normal en muchos muchachos de su edad, lo importante es saber que esto es pasajero, que no durará para siempre, y mientras más usted se empeñe en llevarle la contraria más se empecinará en su actitud y en su conducta, es verdad que a veces también los hijos pueden tener una actitud rebelde para llamar la atención, para hacerse notar, porque tal vez algo les está pasando y no se animan hablar de ello y prefieren llamar la atención de sus padres con una actitud rebelde u hostil, por eso hay que acompañar a los hijos en sus crisis y en sus luchas, para saber qué es lo que pasa en su vida”, entonces ella me dijo envuelta en llanto: “Padre, yo creo que soy una mala madre, porque mi hija me hizo enojar tanto la última vez que discutí con ella que desee no haberla tenido, no haberla traído al mundo, pero casi inmediatamente caí en la cuenta de lo que pensé y me dolió mucho y me arrepentí, pero me sentí tan mal que no quise acercarme a comulgar sin venir primero a confesarle este pecado”, entonces yo le dije: “Mire, es comprensible que usted perdiera la paciencia con su hija por su comportamiento, es muy entendible que usted se desespere porque su hija no le hace caso, porque no hay nada más frustrante para un padre de familia que ver que sus hijos no corresponden a sus esfuerzos por educarlos”, entonces ella me interrumpió para decirme: “Padre, pero tengo otras dos hijas mayores que ésta y nunca batallé tanto con ellas como con esta hija mía que me saca canas verdes”, entonces yo le dije: “Mire, no hay dos hijos iguales, cada hijo es distinto, irrepetible, por eso, aunque ya haya tenido hijas antes, cada una es distinta y no se deben comparar”, entonces ella me dijo: “Padre, entonces ¿no cree que yo sea una mala madre?”, yo le dije: “Si usted ha cumplido cabalmente como madre en la transmisión de valores y en la educación y formación de su hija no creo que deba usted pensar en haber sido o en ser una mala madre”, entonces me interrumpió y me dijo: “¿Ni aunque haya deseado no haberla tenido, no haberla traído al mundo?”, le dije: “A menos que usted no hubiera cumplido con sus deberes de madre en relación con su hija, no creo que deba considerarse una mala madre”, entonces ella me dijo: “Le agradezco mucho padre, me quita un peso muy grande de encima, creí que yo era una mala madre por haber pensado eso que pensé”.

Los padres de familia tienen un reto muy grande respecto a la educación de los hijos, deben saber acompañarlos y sobrellevarlos en todas las etapas de su vida para hacerlos madurar y ayudarlos a crecer sanos mental, espiritual y físicamente hablando. Es verdad que hoy en día tienen un desafío mayor por la aparición y el desarrollo a últimas fechas de tantos elementos que influyen en los hijos, en su discernimiento, en su forma de pensar y considerar la vida, por eso los padres deben orar mucho por sus hijos, deben pedir la luz de Dios para saber guiar y orientar correctamente a los hijos y si hubiera problemas graves buscar asesoría de los profesionales de la materia, leer libros que ayuden en esa tarea o acudir a sitios de internet que se planteen esos problemas y propongan soluciones viables y creativas para afrontar esos problemas.

Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.