Cansados, entre pérdidas y temor, hemos entrado en un 2021 que nos llama a la esperanza y a recuperar esa jerarquía de valores que el mundo ha desconocido. Recuerdo que de joven aprendí que en la cima de los valores estaba Dios abrazando lo trascendental y espiritual. Le seguían los valores morales con su fuente en la libertad, resaltando la virtud que parte de la familia, después lo inframoral (no siempre participa la libertad) donde destaca lo intelectual, económico, artístico y social, bajando a lo infrahumano que se comparte con los animales, como son los temas de salud, placer y supervivencia. Ya vimos de qué manera se convulsiona el mundo si la primera parte de salud está amenazada. Y para salir adelante hay que partir de arriba: del amor de Dios que nos invita a ser mejores seres humanos que se ayudan, protegen, consuelan, aprenden juntos y resuelven problemas en comunidad. Estamos llamados a trascender y tenemos que ir subiendo esa escala. Me impresionaron todas las iniciativas que surgieron en diferentes partes del mundo para responder a las necesidades de los ancianos, moribundos, personas vulnerables y personal de salud que nos regresó la figura del verdadero héroe.

Cuando inició el 2020 escribí un artículo que titulé “Valores de Bienvenida” que trató sobre cinco propósitos que sentí muy necesarios y que ahora veo lo mucho que me ayudaron. Esos valores eran la limpieza, el ritmo, la reflexión, los encuentros directos y un plan de vida. La limpieza la presentaba a nivel exterior e interior, el ritmo lo manejé como un antídoto contra el miedo tomando su fuerza de la oración, en la reflexión me proponía conocer vidas de santos, en los encuentros de vida hablaba de obras de misericordia entre amigos y el plan de vida lo dirigía a buscar un balance que me llevara a la alegría del dar más que del recibir. No cabe duda que la situación mundial nos invitó a una higiene perfecta que incluyera la higiene del alma; a generar nuevos ritmos de oración, trabajo y conversación en nuestros hogares para vencer la ansiedad; a descubrir rostros que nos invitaran a la reflexión como fueron para mí los beatos Carlos Acutis y Michael McGivney, el Venerable Patrick Peyton y mi buen amigo Carlos de Foucauld; a aprender a encontrarnos de maneras diferentes, quizá no directas pero sí desde el corazón, con nuestros amigos, parientes y conocidos, descubriendo a Jesús en ellos; y a darnos cuenta que el plan de vida debe partir del plan de Dios para nosotros y no de nuestro ego.

¿Cómo será este 2021? Definitivamente no lo sé, pero le doy la bienvenida. Quiero recibirlo con hospitalidad, confianza, sencillez y deseos de aprender. El dolor puede seguir pero también nos puede sorprender el gozo. Quiero encontrar formas nuevas de amar y alabar a Dios que me impulsen a querer más a mi familia, amistades y personas que Dios ponga en mi camino. Una tía muy querida me regaló las obras de San Juan de la Cruz, por lo que invito a este gran santo a acompañarme este año junto a San José. Necesito ser más humilde y no dejar de repetir la oración de Jesús: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí”.

Quiero presentarle a Dios un año nuevo de alabanzas y de mil cosas bellas:

Mil cosas bellas quiero darte

como vías de amor y arrullo:

crear distintas formas de amarte

es la gran empresa que intuyo.

 

Me deslumbra tanta belleza,

¿La sienten también mis hermanos?

¿Por qué la pureza es rareza?

¡Ya despierten seres humanos!

 

Veo pobres como don sagrado,

niños que perdonan la ofensa,

Jesús por siempre traspasado,

enfermos que rezan y alientan;

 

ángeles que cantan al cielo,

madres dando luz a la vida,

enemigos rompiendo el hielo,

sueños de amistad compartida;

 

inventos mejorando el mundo,

monjes escribiendo poesía,

gobiernos retomando el rumbo,

fuerzas del orbe en armonía.

 

Todas son formas de belleza

que te presento como ofrenda

buscando una tierra que reza

entre propósitos de enmienda.

 

VOCES EN EL TIEMPO

MARTHA MORENO