Desconozco al autor, pero me gustó mucho..

Es increíble que en esa ciudad amurallada naciera Jesús. En un lugar de guerra y violencia. De divisiones y rupturas. En una tierra herida hasta lo más hondo. Precisamente ahí, donde el corazón más sufre, es donde nace Jesús. Escuchamos estos días noticias de violencia en Israel y el corazón se conmueve. Amenazas, bombas, odio. Pasan los años, los siglos, y continúa el odio, la división, la violencia. Hombres que se matan matando y se ven como mártires. Un padre comentaba impresionado y agradecido, con una sonrisa en los labios: «No pensaba que mi hijo iba a ser un mártir». Su hijo había matado a muchos matándose. Me entristece. Me duele el alma al escucharlo. ¿No es verdad que no necesitan médico los sanos sino los enfermos? Es cierto. Jesús nace en el lugar de la división y el odio porque trae la unión y el amor. En el lugar de la guerra porque trae la paz. Nace donde más falta hace su amor lleno de misericordia. Porque nace allí donde escasea la misericordia. Todos anhelamos la paz, la unión, la concordia. Nuestra vida tiene a veces mucho de Belén. Hay división, hay guerra, hay rencor, a veces odio. Por eso anhelamos que Jesús nazca de nuevo. Porque nos va a traer la paz, porque quiere cambiarnos. Por eso cada año volvemos a preparar el corazón para su venida. Siempre me conmueve la fidelidad de la Iglesia. Nos postramos para esperar, para recorrer el mismo camino cada año.

La espera hace más sagrados los momentos. O tal vez son los momentos sagrados los que llenan de Dios la espera. Las dos cosas valen. Pero lo cierto es que hay que recorrer un camino para llegar desde Nazaret a Belén. Es un camino largo. María y José tuvieron que emprender un largo viaje. El corazón en paz y lleno de alegría. Pero en su alma habría inquietudes y miedos. Tan humanos. Tan de Dios. El camino comenzó en Nazaret. Todo camino tiene un punto de partida. Un día. Un momento. Un lugar muy concreto. La arena del reloj que empieza a caer. Todo camino conduce a alguna parte. Tiene un fin. Una tierra. Un establo. Nazaret y Belén se unen de nuevo esta Navidad. Dos puntos. Una espera. Un encuentro. Y un matrimonio, José y María, ella embarazada, recorren caminos peligrosos para llegar a Belén. Hoy ciudad amurallada. Salieron de Nazaret, obedeciendo las leyes del mundo, obedeciendo los deseos de Dios.