En cierta ocasión, una adolescente de 15 años, se acercó al confesionario, temblando y sollozando me dijo: “Padre, hace unas semanas tuve relaciones con mi novio, él tiene 16 años, me hice un examen y me acabo de enterar que estoy embarazada y no sé qué hacer”, y soltó el llanto. Le pregunté: “Y, según los médicos, ¿cuántos días tienes de embarazo?”, ella me dijo: “Dicen que apenas unas semanas”, yo le dije: “Y ¿lo saben tus padres?”, ella respondió: “No, aún no se los digo”, yo le pregunté: “Y ¿cuándo piensas decirles?”, ella me miró con lágrimas en los ojos y me dijo: “Es que no sé si quiero decirles, me da miedo cómo lo van a tomar, qué van a decir”, yo le dije: “Debes afrontar con valor las consecuencias de tus actos, debes enseñarte a dar la cara cuando cometes un error, debes platicar con ellos y decirles la verdad”, entonces ella me interrumpió y me dijo: “Es que los voy a lastimar, mi mamá va a llorar y mi papá se va a enojar mucho, y tal vez hasta me corra de la casa, ya los conozco”, yo le dije: “Pues si no los querías lastimar hubieras pensado antes, pero ahora no es tiempo de reproches ni de lamentaciones, sino de afrontar la situación, ¿sabe el muchacho con el que tuviste relaciones que estás esperando un hijo suyo?”, ella me respondió: “Sí, ya le dije”, yo le pregunté: “Y ¿cómo reaccionó?”, ella me dijo: “Primero con sorpresa, luego como incrédulo, creyó que era una broma, pero cuando vio que mi cara seria no cambiaba entonces se dio cuenta de que era verdad, entonces me preguntó si ya lo sabían mis papás y le dije que no, entonces me preguntó qué iba a hacer y yo le dije que no era sólo responsabilidad mía, sino también de él y le dije que no sabía qué iba a hacer, entonces él me sugirió abortarlo”, inmediatamente yo la interrumpí para decirle: “Es muy lamentable lo que ha sucedido, porque engendrar un hijo no debe ser el resultado de un acto irreflexivo e irresponsable, sino consecuencia de un acto de amor verdadero, sin embargo es una grave responsabilidad engendrar una vida, es una vida distinta de ti, que llevas dentro, pero no te pertenece, ni a ti ni a él, una vida nueva que es don de Dios, porque toda vida nueva es un don de Dios, aun cuando se dé en estas circunstancias, así que yo te invito a pensar muy bien lo que vas a hacer, no puedes añadirle a un error cometido otro más grave como es el aborto, yo sé que de pronto el aborto parecería ser la solución, pero no sabes el trauma tan grande que viven las mujeres que han abortado, yo he hablado muchas veces con mujeres que han decidido dar muerte a sus propios hijos y aunque haya pasado mucho tiempo todavía sufren al recordar el crimen atroz que cometieron, porque abortar no es como tirar a la basura un tumor que te extraen, sino desechar una vida humana nueva, es el peor de los crímenes, porque se hace contra un inocente, contra un indefenso, por eso es el crimen más abominable”. Después de platicar un buen rato con ella salió del confesionario más serena y convencida de hablar con sus padres y de querer tener a su bebé.
Qué fuerte conmoción provoca escuchar cosas como esta, que una niña, que debería dedicarse a jugar, a vivir su adolescencia, se enfrente de pronto con la maternidad sin desearlo. Una nueva vida siempre fue vista en la Biblia como una bendición de parte de Dios, tener hijos era uno signo elocuente de que Dios bendecía a ese matrimonio, a esa familia; desgraciadamente la sociedad pansexualizada en la que vivimos, es decir, que exalta el placer sexual, que bombardea a los jóvenes con mensajes subliminales o explícitos invitándoles a tener sexo, empuja a las nuevas generaciones a no vivir responsablemente su vida sexual, eso significa que si un adolescente o joven quieren tener sexo lo tiene y ya, es decir, sin ninguna responsabilidad, y cuando tiene que afrontar un embarazo no deseado la sociedad hedonista e hipócrita en la que vivimos le facilita el camino sugiriéndole a gritos que la solución es el aborto, como si destruir una vida humana engendrada en un arrebato de placer fuera a solucionar su inmadurez o su irresponsabilidad. Preocupémonos de que los adolescentes y jóvenes conozcan y afronten las consecuencias de sus actos y que entiendan que un error no se resuelve haciendo otro más grave. El Dios de la vida nos impulse a valorar, proteger y defender la vida desde su concepción en el vientre materno hasta su muerte natural, porque una sociedad que mata a sus bebés en el vientre materno será capaz de las peores atrocidades y violencias. No nos extrañe enterarnos de que son encontrados cuerpos decapitados y desmembrados, porque si eso hacemos con los bebés, qué no haremos con los adultos.
Dios los bendiga. Nos leemos pronto.