En cierta ocasión un adolescente en el confesionario me dijo: “Padre, tengo mucho miedo a la muerte ¿Cómo se me puede quitar?”, yo le respondí: “Pero ¿Cuál es el motivo para que tú pienses en la muerte a tu edad? Eres muy joven”, entonces él me dijo: “Padre, mi abuelo y yo somos muy unidos, pero él está enfermo, hace poco le encontraron un problema en el corazón, el doctor le dijo a mi mamá que nos preparemos para lo que venga, y yo sé lo que eso significa, que mi abuelo se va a morir, y yo tengo mucho miedo a la muerte, porque no quiero pensar en que un día mi abuelo ya no va a estar”, entonces le dije: “Ahora entiendo por qué piensas en la muerte y por qué te preocupa tanto el tema, y lo que puedo decirte es que entiendo perfectamente tu temor a la muerte y más a la muerte de tu abuelo”, entonces el me interrumpió para decirme: “Entonces padre, dígame ¿Qué puedo hacer?, me da mucho miedo pensar en que un día mi abuelo no estará a mi lado, él ha sido mi mejor amigo, mi consejero, como yo no tengo papá él ha sido mi papá, me pregunto qué haré cuando él ya no esté, incluso me da coraje con Dios, porque no entiendo por qué hizo la muerte”, entonces yo le dije: “Mira, entiendo que estés muy apegado a tu abuelo, más cuando ha hecho las veces de papá para ti, y que has llevado una relación tan estrecha con él, pero debes saber que nuestra vida aquí tiene un término, en este mundo no somos eternos, un día nacimos y un día nos vamos a morir; sin embargo nuestra fe nos dice que la muerte no es el final, sino el principio de una vida nueva, es la puerta para entrar en la eternidad, por eso no debes enojarte con Dios por la muerte, Dios la permite como un paso necesario para poder gozar la vida eterna; y respecto al cariño que tienes a tu abuelo lo que te puedo recomendar es que vivas con intensidad cada momento que pases con él, aprovecha cada instante de tu vida a su lado, no lo desperdicies en discusiones, reclamos o enojos, quiérelo mucho y muéstrale tu amor por él, porque la muerte no la podemos detener, no la podemos esquivar, pero sí la podemos afrontar amando intensamente a nuestros seres queridos mientras están con vida y de esa manera se queda en nosotros un poco de ellos y cuando falten no los recordaremos con nostalgia o tristeza, sino que reviviremos con alegría los momentos que hayamos vivido con ellos”, entonces él me dijo: “Padre, agradezco lo que me dice, pero desde que nos dieron el diagnóstico de mi abuelo no hay momento en que no piense en la muerte y eso me roba la paz, de día y de noche pienso en la muerte”, yo le dije: “Mira, frente a la realidad de la muerte solo tenemos dos opciones, o pasarnos la vida lamentándonos porque un día nos vamos a morir y también nuestros seres queridos o vivir con intensidad aprovechando cada momento de nuestra vida con nuestros seres queridos, amándolos mucho y dejándonos amar por ellos”.

Es cierto que la muerte no es un asunto banal, al contrario, es una de las experiencias más estrujantes y desgarradoras de la vida humana, saber que un ser querido va a morir es muy desconcertante y doloroso, ver morir a un ser querido es una experiencia límite que nos cuestiona fuertemente, ser conscientes que un día vamos a morir nos puede llevar al pesimismo y al desaliento; solo la fe cristiana nos puede ayudar a sobre llevar el tema de la muerte, porque solo la esperanza en la vida eterna y en la resurrección de los muertos le puede dar sentido a nuestras interrogantes, dolores y sufrimientos, pensar que un día nos reencontraremos con los seres queridos que ya han partido nos alienta a seguir adelante a pesar de todo.

Que Dios los bendiga. Hasta la semana entrante.

P. Eduardo Michel Flores.