Hace algún tiempo un señor me preguntó: “Padre, ¿puede la ignorancia ser pecado?”, yo le respondí: “Eso depende”, entonces él me dijo: “¿Eso qué significa?”, yo le respondí:

-“Si la ignorancia es culpable, entonces sí es pecado, si no es culpable, entonces no lo es”, él me preguntó:

-“¿Cuál es la ignorancia culpable y cuál no lo es?”, yo le respondí:

-“La ignorancia culpable es la del que no sabe, pero tiene la obligación de saber y la ignorancia no culpable es la del que no sabe y no tiene por qué saber. Por ejemplo, es culpable la ignorancia de los novios que cuando se casan por la Iglesia dicen que no sabían que debían vivir unidos hasta que la muerte los separe. Es culpable la ignorancia del médico que comete errores graves en el ejercicio de su profesión, por no haber estudiado lo suficiente, o por no haberse actualizado en la especialidad médica de su competencia, como se esperaría de él. Es también culpable la ignorancia del estudiante que reprueba un examen por no haber respondido lo que debía saber. Es culpable la ignorancia de un empleado que, por el puesto de trabajo que ocupa, debería conocer las consecuencias de sus decisiones. Es igualmente culpable la ignorancia de los padres de familia que no educan ni forman a sus hijos en valores porque dicen que no sabían que ese era su deber. Como también es culpable la ignorancia de los hijos que desperdician su tiempo en diversiones, en vez de tomar en serio sus deberes hacia sus padres, hacia sus estudios, hacia la sociedad. Es culpable la ignorancia de un católico que no conoce su fe, que no lee la Biblia, que no consulta a un Sacerdote cuando tiene dudas, que no sabe si es o no es pecado embriagarse, abusar de la comida o del cigarro, consumir drogas, etc. Es también culpable la ignorancia de una persona que comparte por el teléfono celular o por internet noticias falsas, diciendo que no sabía que lo eran.

En cambio, no es culpable, por ejemplo, la ignorancia de una persona que no conoce las costumbres o tradiciones de un país que visita y comete alguna “falta de etiqueta”.

Hay muchas ignorancias culpables. Porque es más fácil vivir con prisa y sin pensar, que actuar responsablemente como se espera de nosotros. Porque muchas veces actuamos de modo irreflexivo, en vez de proceder guiados por la voz de la conciencia bien formada. Porque estamos viviendo en una sociedad donde la verdad ya no importa, sino solo las apreciaciones que cada uno hace de la realidad, la misma sociedad difunde continuamente ideas erróneas sobre el bien y sobre el mal, creando un clima de confusión, y cuesta mucho luchar contra corriente para decidir no según el mundo, sino según la verdad del Evangelio, según las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia. Hay ignorancias culpables que pueden y deben ser vencidas. Con más honestidad, con humildad sincera, con un profundo deseo de ser buenos, con el compromiso práctico por estudiar los principios éticos y las enseñanzas de la Iglesia. De este modo, habrá menos ignorancias culpables. Habrá, sobre todo, más personas comprometidas a vivir seriamente y a testimoniar la verdad y la belleza de la fe cristiana, entregados con toda su mente y con todo su corazón al amor a Dios y al prójimo. Procuremos evitar a toda costa la ignorancia culpable, que es pecado, porque se realiza por negligencia, apatía, indolencia o descuido.

Que Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.