Una vez un señor mayor me preguntó: “Padre, ¿no se le hace como que Dios anda distraído?”

-¿Por qué dice eso?, le respondí.

-Es que veo que el mal está azotando al mundo, que hay mucha violencia e inseguridad, aumenta la corrupción, las injusticias crecen, se multiplican las guerras, se aprueban leyes contrarias a la vida, al matrimonio y a la familia, hay mucho rencor entre la gente, los jóvenes no se quieren casar, los matrimonios se divorcian, crece el número de abortos, y todo esto me hace pensar como que Dios anda distraído, porque yo creo que Dios podría hacer más por el mundo si quisiera, como que le falta esforzarse más.

Entonces, yo le dije: “Primero, nos debe quedar bien claro que el mal es muy ruidoso y el bien es silencioso y que existen campañas orquestadas para hacernos creer que el mal es más fuerte que el bien, también hay que decir que Dios no anda distraído como usted piensa, y tampoco le hace falta esforzarse más, como usted dice, Dios ha creado libres a los hombres, lo que significa que respeta nuestra libertad, independientemente de cómo la usemos, obviamente que Dios quisiera que la empleáramos para hacer el bien, no el mal, eso nos lo dice a través de su Palabra, pero Dios respeta nuestra libertad, si vemos tanto mal en el mundo no es que Dios esté fallando o ande distraído, sino que los hombres estamos fallando en nuestro deber de construir el Reino de Dios, si el mal parece dominar el mundo no es porque Dios no esté haciendo lo que debe, sino porque los hombres no estamos haciendo nuestra tarea.

Sabemos tristemente que hay personas que hacen el mal, pero muchas veces el mal más grave no es el daño que provocan los malos, sino el bien que no hacen los buenos, o peor aún el silencio cómplice de tantas personas buenas frente a la maldad de los malos. La sociedad actual, que se funda muchas veces en valores contrarios al evangelio, nos hace sentirnos menos a quienes tenemos fe y vivimos según el evangelio, haciéndonos creer que somos ciudadanos de segunda categoría y que no debemos alzar nuestra voz para defender nuestras creencias y nuestros valores frente a sus propuestas muchas veces contrarias a la fe y al bien de la persona”.

En este mundo muchas personas sufren por distintas causas: hambre, explotación, violencia, guerras, injusticias, de las que todos somos cómplices, por acción o por omisión. Muchos pueden pensar que son “buenos”, porque no hacen nada malo, pero el problema está en el “hacer nada”, que es el verdadero mal de nuestros días, porque manifiesta indiferencia y pasividad, es el preocupante “silencio de los buenos”. Existe el bien en el mundo y está destinado a vencer, gracias a Dios, aunque el mal hace más ruido. Asesinatos, violencias, graves injusticias, son noticia, pero los gestos de amor y de servicio, la entrega diaria, fiel y paciente, permanecen en el silencio. Si queremos entender la acción de Dios en el mundo, debemos entrar en el silencio y en la meditación, debemos saber pararnos y pensar; de esta manera, nuestra mente puede entender el mal en el mundo no como una falla de Dios, sino de los hombres y saber lo que se puede hacer para combatirlo en la propia vida y en el mundo. El cristiano, por la fe que profesa, debe tener esperanza, sobre todo en medio de las tinieblas que hay en el mundo y que no forman parte del plan de Dios, sino que provienen de las decisiones equivocadas de los hombres. Si el mundo anda mal no es por culpa de Dios, sino de los hombres, tratemos de revertir el mal y sus consecuencias haciendo siempre el bien, con la ayuda de Dios.

 Que Dios los bendiga. Nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.