Una vez un joven me preguntó: “Padre, ¿Es pecado tomar suplementos deportivos?”, yo le respondí: “La Iglesia no tiene un documento oficial que condene o prohíba el uso de suplementos alimenticios, vitamínicos o deportivos, como la creatina”.
Lo que enseña la Iglesia, de manera general, se puede aplicar a este tema a la luz de la moral cristiana y de la doctrina sobre el cuidado del cuerpo:
- El cuerpo como don de Dios
La fe cristiana enseña que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Cor 6,19-20). Por eso debemos cuidarlo, alimentarlo bien, ejercitarlo y no dañarlo de manera imprudente. Tomar suplementos que ayuden a la salud o al rendimiento físico, cuando son usados responsablemente, entra dentro de este cuidado legítimo.
- Uso ordenado y prudente
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que debemos evitar todo aquello que dañe innecesariamente la salud (2290-2291). Eso incluye abusos en el ejercicio, en las dietas o en sustancias que, aunque no sean drogas ilegales, puedan ser perjudiciales si se usan en exceso. Si los suplementos están científicamente comprobados como seguros y se consumen conforme a la indicación médica o nutricional, no hay pecado. El pecado entraría si se usan sin prudencia, poniendo en riesgo la salud.
- No idolatrar el cuerpo
Hay un riesgo cultural actual: poner al cuerpo como un ídolo. Vivir obsesionados con la apariencia física, con la fuerza o con la estética puede convertirse en una forma de vanidad o incluso de culto al propio cuerpo, olvidando la centralidad de Dios y del alma. Aquí es donde la Iglesia invita a discernir: ¿por qué lo hago? ¿para cuidar mi salud o por pura vanidad y superficialidad?
- Justicia y caridad
También hay un aspecto ético: gastar cantidades excesivas en suplementos de dudosa necesidad mientras se descuida la ayuda a los necesitados o el sustento de la familia podría ser un desorden moral. No porque el suplemento en sí sea malo, sino por el mal uso de los bienes.
En conclusión:
No es pecado en sí mismo tomar suplementos (creatina, proteínas, vitaminas, etc.). Puede ser incluso recomendable para ciertos deportistas o personas con necesidades específicas. Se convierte en pecado si se usan imprudentemente, con daño a la salud, por vanidad desordenada, o si se pone en ellos la confianza que solo corresponde a Dios. El principio clave es el de la moderación, la prudencia y la recta intención.
- Suplementos deportivos (creatina, proteínas, vitaminas, etc.)
- Los suplementos ordinarios (proteínas, vitaminas, creatina) no son pecado si se usan con responsabilidad, como parte de un estilo de vida sano.
- Pueden incluso ayudar al cuidado del cuerpo, que es “templo del Espíritu Santo” (1 Cor 6,19).
- El problema surge cuando se abusa de ellos, cuando sustituyen una alimentación normal o se usan por pura vanidad y obsesión con la apariencia.
- Anabólicos y testosterona sin necesidad médica
- Aquí la Iglesia es más clara: no es lícito usar sustancias que dañan la salud, crean dependencia o modifican artificialmente el cuerpo de modo riesgoso.
- Los anabólicos esteroides y testosterona, si no son por indicación médica, son dañinos y pueden poner en peligro la vida.
- Por tanto, su uso por motivos de vanidad o competencia es moralmente reprobable y puede considerarse pecado contra el cuidado de la propia salud.
Conclusión:
- Cuidar el cuerpo es bueno y querido por Dios.
- Embellecerlo con moderación o usar suplementos sanos es lícito.
- El pecado aparece cuando se cae en el culto al cuerpo, se daña la salud, se actúa por vanidad desordenada o se abusa de sustancias artificiales.
Hasta la semana que viene, si Dios quiere.
Pbro. Eduardo Michel Flores.
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