En cierta ocasión vino a confesarse un joven, y al terminar su confesión me preguntó: “Padre, ¿es pecado que una persona cuide de la salud de su cuerpo?”, yo le respondí: “¿Por qué me preguntas eso?”, entonces él me dijo: “Es que yo paso varias horas en el gimnasio al día y cuido mucho mi alimentación con licuados de proteínas y comidas saludables y mis padres me dicen que es un pecado que dedique tanto tiempo y tanto dinero a cuidar de mi cuerpo, y como me lo han dicho varias veces me han hecho pensar, por eso le pregunto, porque me gustaría saber si estoy haciendo mal”, Yo le respondí: “Creo que aquí cabrían dos reflexiones, primero, dice el mandamiento principal de la Ley de Dios que ‘debemos amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos’, quiere decir que es necesario que exista un cierto amor de nosotros hacia nosotros mismos, porque si no nos amamos a nosotros mismos ¿cómo podríamos amar a los demás? y ese amor por nosotros mismos justifica que uno se preocupe tanto de su apariencia como de su salud física o corporal; por otra parte, el quinto mandamiento de la Ley de Dios dice ‘No matarás”, y esto significa no solo no hacerle daño a nadie, sino tampoco a sí mismo, y esto implica no solo no hacerse mal, sino cuidar la propia salud como un bien que nos conserva la vida dada por Dios. Ahí puede entrar el ejercitar el cuerpo, así como alimentarlo saludablemente. Pero cuidado, porque en ambos casos se puede caer en el extremo de amarse demasiado a sí mismo que cae uno en un egoísmo mezquino o en un egocentrismo malsano”, entonces él me dijo: “Pues yo salgo de la escuela o del trabajo y me voy al gimnasio y paso ahí de tres a cuatro horas diarias haciendo ejercicio, mis padres se molestan porque dicen que paso demasiado tiempo haciendo ejercicio, me pregunto ¿qué pasaría si supieran que tengo amigos que pasan hasta cinco o seis horas en el gimnasio al día? a ellos definitivamente les iría mal con mis padres”, entonces yo le dije: “Mira, es necesario cuidar la salud, pero sin caer en excesos, los excesos nunca son buenos, la sociedad en la que vivimos se caracteriza por la importancia que las personas le dan al cuerpo. Existe una cultura muy desarrollada sobre el cuidado del cuerpo. Solo hay que ver los libros y revistas que se venden para comprender mejor la importancia que el hombre de hoy le da al cuidado del cuerpo. Además, hoy hay muchos productos ‘light’, bajos en grasa, veganos, orgánicos, en los supermercados, todo para ayudar a mantenerse en forma. Además, actualmente los deportes más populares son aquellos que mejoran la apariencia física: fisiculturismo, crossfit, etc. La mayoría de las revistas hablan sobre belleza, dietas y consejos sobre cómo tener un cuerpo bien formado, y no solo para mujeres, sino también para hombres. Los productos de belleza se han multiplicado enormemente, ahora los hay tanto para mujeres como para hombres, se pueden encontrar todo tipo de productos para mantener la piel suave, la cara sin arrugas ni ojeras, tener el cabello sedoso, reluciente y sin canas, mantener la tonificación de la piel de brazos y piernas, etc. Además, entre los programas de televisión hay muchos comerciales que a menudo hablan sobre ejercicios y dietas para verse bien. Los lugares para hacer deporte para hombres y mujeres se han multiplicado en los últimos años: gimnasios, spas, albercas, canchas para hacer todo tipo de deporte, etc.”, entonces él me interrumpió y me dijo: “Y todo eso que usted dice ¿es malo?”, yo le respondí: “No me malentiendas, claro que es bueno que el ser humano cuide su salud y sea más responsable con lo que come, pero el hombre actual le da demasiada importancia a la parte corporal de nuestro ser y se olvida de la espiritual, puede pasar tres o cuatro horas en un gimnasio o en un spa haciendo ejercicio o recibiendo un masaje, pero no dedica ni cinco minutos a Dios en la oración, porque dice que ‘no tiene tiempo’, he ahí el desequilibrio, porque privilegiamos la parte material y exterior de nuestro ser y se nos olvida la parte espiritual e interior. En definitiva, no es pecado que cuides tu cuerpo y tu salud, siempre y cuando no caigas en excesos”.

Esta descripción de la sociedad actual es verdadera pero parcial, porque debe agregarse que la importancia que la sociedad contemporánea le da al cuerpo ha tenido también su contribución positiva, y es que no solo se fija en la apariencia externa, sino que también le ha dado un nuevo sentido y valor al cuerpo humano, que incluso ha llevado a cambiar la legislación de varios países que defienden a la persona humana y sus derechos contra la tortura y todo tipo de atrocidades que causan sufrimiento al cuerpo humano. Sin embargo, frente a estos aportes positivos e innegables existe actualmente una cultura que desprecia al cuerpo, daña al inocente y mata al inerme. Debemos superar esta cultura que se llama “de muerte”, que se expresa en guerras, campos minados, la pena de muerte, que es una forma absurda y contradictoria de combatir el delito, leyes que promueven la eutanasia, etc. Pero, lo más atroz que concibe la sociedad contemporánea, es el asesinato de niños en el vientre de su madre, al que quieren darle el nombre de “nuevos derechos”, que es la contradicción más grave de una “sociedad que se llama moderna”, pero que, con estos ataques contra la vida humana, es más bien una sociedad retrógrada y bárbara en camino de su propia destrucción y aniquilamiento. Hasta por lógica elemental se deduce que, si mueren más personas que las que nacen, como sucede ya en varios países de Europa, llegará un día en que la población se extinga y simplemente desaparezca. Corrijamos a tiempo nuestros pasos, antes de que sea tarde y hayamos cavado nuestra propia tumba.

Dios los bendiga, nos leemos la próxima semana.

Pbro. Eduardo Michel Flores.